<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-22570147</id><updated>2011-04-21T13:22:54.825-07:00</updated><title type='text'>estabamostodosjuntos</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://estabamostodosjuntos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22570147/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://estabamostodosjuntos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>mauro innpulso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13698424662585072012</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22570147.post-114274248491507388</id><published>2006-03-18T20:17:00.000-08:00</published><updated>2006-03-18T20:37:56.313-08:00</updated><title type='text'>estabamostodosjuntos_lahistoria</title><content type='html'>Estábamos todos juntos, reunidos. No faltaba ninguno. Ninguno de los que estábamos ahí éramos los mismos que habíamos brindado por un feliz y prospero año nuevo hace doce meses a la misma hora: mi padrino estaba casi viudo, el Toby descansaba en los infiernos gástricos de Nerina, el Juani estaba volviendo a caminar de a poco, mi abuela tenia los brazos hinchados de la enfermedad y yo ya no vivía con ella, y ella no sentía la necesidad de amenazarme con algún suicidio gastronómico. Además… terminaba el brindis y me pasaba a buscar mi amiga… mi amante… mi novia.&lt;br /&gt;Por allá andaba Javito y su difunta pasión tropical.&lt;br /&gt;En la otra punta la veía a mi vieja… ella me tenía sin cuidado. Había sido mujer golpeadora en sus dos matrimonios (para cuando habíamos terminado de brindar podía afirmar que todos los que estábamos en esa mesa habíamos sido golpeados por la Marta alguna vez, hasta la boludamente nueva novia de mi primo –que se comió flor de zalipa el día de mi cumpleaños. Pero bueno, ésta se lo merecía por curarle el ombligo a mi hermano).&lt;br /&gt;El único que me tenía mal era mi viejo. Este año las había empezado a pagar: sin laburo, con mi vieja de novia luciendo su flamante tatoo y encima yo…artista y no colectivero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 1.&lt;br /&gt;La Noni y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de casa tratando de regular las bocanadas de aire que estaba tomando. Era tarde-noche y el sol casi no entra entre los atolondrados edificios de departamento de mi barrio, en Don Orione, Claypole. Ese ruido, los colectivos acelerando para ganarse las paradas, adelantaba que tragaría el esa mierda negra en el aire, ese eructo de minero.&lt;br /&gt;Me las arreglé bien para caminar y caminar… para bajar la tensión que dominaba todo mi poco cuerpo de flaco-que-cena-alfajores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa venía mal desde hace un tiempo con mi abuela. Los resultados de las biopsias habían sido los peores y los pronósticos sólo hablaban de dolor. De todas maneras, ella, enarbolaba su condición, como quien lleva una condecoración: en la sala de espera de la clínica, donde viejos describían las emanaciones, supuraciones, secreciones y las descamaciones más asquerosas que el cuerpo humano pueda producir, ella era ahora simplemente… imbatible. Hasta el viejo que tenía el “huevo que crece” en el costado se quedaba callado y miraba celoso cuando la abuela y yo entrábamos en el lugar. Es más: ya no nos insistía a ninguno que se lo tocáramos… es que ella tenía la enfermedad del “uno en un millón”. Y sólo en sus brazos y piernas se veían las protuberantes apariciones de esferitas de calcio que se desprendían de sus huesos. Sólo en los de ella. En los de nadie más.&lt;br /&gt;Esos trofeos eran hermosos, pero yo la acompañaba porque los trofeos de la planta de los pies no la dejaban caminar bien. Eso no se lo contaba a nadie. Salvo a mí…ya que me lo mencionaba en las discusiones diarias, al comparar el dolor de sus pies con el calvario de vivir conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, la vieja sufría de presión arterial desde los siete años, un caso único-decían los doctores. Nada podía alterar sus nervios sin ponerla en riesgo de muerte, lo que en su infancia había derivado en una niña abusiva a la cual era imposible castigar. Luego fue una adolescente excéntrica incapaz de dominarse. En su madurez se desarrolló una esposa y madre insoportable sin base de operaciones mentales racionales y como gran finale: una vieja malcriada. Y yo vivía con ella desde los once, desde antes que mis viejos se separaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde me volvió loco en instantes: me había pedido que pintara el baño del departamento “que se había deteriorado enormemente desde que yo estaba viviendo ahí”, o sea, las cosas tenían diez años más de uso. Era lógico tal desgaste. Pero culpa mía al fin.&lt;br /&gt;Empecé a hacerlo de la mejor manera posible: enmascarando con cinta de papel, buscando pinceles de diferentes espesores…trapitos, papel de diario y ahí empezó con lo de “el Juani”: que así no lo había hecho él, que ella se acordaba que el Juani había sacado esto y no había dejado una sola mancha en el suelo y que, además el pincel no se agarra así y que si el Juani estuviera disponible…&lt;br /&gt;Al principio estaba abstraído en lo que hacía sin prestarle mas atención que la que me había jurado que le prestaría en cualquier situación. Entonces, el flujo constante de ruido que salía de ella comenzó a tomar la forma de su voz envenenada y pude intuir el significado antes de que los significantes comenzaran a distinguirse. Otra vez estaba comparando mi actitud egoísta de “ no hacer lo que me pedían como me lo pedían” con “la entrega desinteresada” con la que el Juani había persistido junto a su hermano Javito: el ex-gran ídolo cumbiero, ex-pasión de todos los sábados de todos los adolescentes hasta que plin! desapareció… o sea, no desapareció como…no sé… o sea, no está con Jim Morrison y Luca criando ovejas en el sur, ni se junta en secreto con Maria Callas a llorar sobre viejas grabaciones “perfectas”. Desapareció de la tele y del circuito tropi-tropi, pero todavía sigue recibiendo a sus fanáticas en calzoncillos rojos, simulando sorpresa en un marco despeinado y de cara de “me sacaste de la cama, chiquilina bonita”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa es que el Juani es como diez años mayor que Javito y se dedicó de lleno a una sola cosa… de hecho el trabajo -que dignifica al hombre- había sido sacrificado también en pos de esta sola cosa.&lt;br /&gt;Y los aportes monetarios para aliviar las tareas de mamá-costurera-porque-nunca-hubo-papá tampoco tuvieron lugar porque el Juani hizo una misión de su cosa por hacer: acompañar, con su ser, con su presencia, el éxito de su hermano.&lt;br /&gt;Tan consistente fue su devoción que incluso cuando Javito se buscó un laburo porque la cumbia no le dio más lugar, él no transó…&lt;br /&gt;Aún hoy, no se resigna a ver a su hermano desperdiciando sus dotes de líder, de creador, de amante… un hermano que, aún dándole las sobras de su festín, le estaba dando más de lo que el Juani pudiera haber logrado por sus propios medios.&lt;br /&gt;Entonces encontramos a un hombre que ya no está completo porque no tiene a quien parasitar, un moncho de casi cuarenta años que día a día busca a aquel que quiera escuchar el material de su hermano, ver la gloria misma en un video tomado de canal dos y que, obviamente, ponga la mosca para reanimar el fuego pasional-tropical.&lt;br /&gt;Pedía y pedía a la virgen que alguien redescubra el talento de su carne y sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión es que ahora me encontraba siendo comparado con un vago que continuaba sacudiendo a la difunta gallina de los huevos de oro.&lt;br /&gt;Tal vez no quede muy en claro aún porque la mandé a la mierda, tiré la pintura a la mierda y salí mas caliente que la re-contra-re-mierda cargando la sensación infartante de no valer nada para la que fue como mi madre…es que tendría que profundizar sobre el Juani.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Historia verídica del Juani&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche del año pasado, Juan Hilario tuvo la visión de lo que serían sus próximos doce meses.&lt;br /&gt;No quiso que la data se corrompiera en mensajes de celulares ni teléfonos descompuestos, así que luego de brindar por ese año -que nos pasó por encima-, el Juani aguardó su turno y, entonces, lo vimos brillar con los ojos de aquel que trae la esperanza y la dicha a los suyos. Anunciaba que durante este año nuevo-nuevito su vida se dedicaría a prepararse para realizar la ofrenda más importante que cualquier persona de esa familia hubiera hecho a la Virgen: correría el camino desde su casa hasta la gótica morada de la virgen en Luján.&lt;br /&gt;Esa minúscula pieza de información arrancó un aplauso en mi abuela y mi vieja, una sonrisa rara en su hermano Javito (casi como si lo estuvieran por delatar por algún viejo crimen o algo que lo implicara).&lt;br /&gt;Todos los demás no entendimos en silencio que conexión podía existir entre el Juani y la virgen.&lt;br /&gt;En ese instante hasta la sinfonía iraquí de petardos y balazos que se desata en el Barrio Don Orione durante los festejos de fin de año se sintió curiosa por saber que tramaba la sucia rata y menguó su batería de panza con hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La copa se alzó, casi fue Escalibur al salir de la piedra.&lt;br /&gt;La remera de Boca mutó, fue azul y fue oro. Mithril.&lt;br /&gt;Su voz se apoderó del recinto y voló junto a sus ojos cuando, usando casi todas las “S” que el discurso merecía, se detuvo en su hermano y dijo que lo haría por él, por el líder, por el creador, por el gran amante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las expresiones de los que oían fueron todas diferentes. Tal vez pensaron que iba a terminar la primaria en “adultos”, o que estudiaría mecánica o que se buscaría un laburo y con base sólida reconocería al pibito de la Sandra o el de la Monica.&lt;br /&gt;Yo pensé que se iba a cortar los huevos y se pasearía por la manzana treinta y cinco gritando un “tambo puto-bera capo”. Ya sé que eso no tiene sentido, pero así es mi fantasía y me encantaría verla realizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reacción de Javito me caló hondo: lo vi sonrojarse y bajar la mirada. Sonriendo, pero mirando al suelo explicó a todos que estaba halagado (dijo: “contento”) por lo que decía su querido hermano (dijo:” este boludo”) pero que tal vez la empresa que divisaba podía tener un resultado vago comparando la suerte de los últimos años (“`tas loco”, “al pedo” y otras.). Lo llamó a reflexionar sobre la real-realidá: él mismo había perdido un poco las esperanzas y el entusiasmo de querer y poder entrar al bisnes otra vez (“dejate de joder los huevos”-sic-).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La copa seguía alzada… era la erección de ese novio que sueña con el “está bien, lo que me dijiste me quitó el miedo para siempre. Hagámoslo por atrás.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ Sabés, hermanito? Vos perdistes las esperanzas porque alguien te hizo un mal. Pero yo sé que si le agradecemos lo que tuvistes a la virgencita y yo le ofrezco mi sacrificio entonces el mal que te hicieron va a destrabarse-sic-.”&lt;br /&gt;La cara de Javito seguía roja. Mi abuela, al otro día, dijo que nunca vio a alguien tan profundamente emocionado. Dijo que le había tocado la cara y había percibido la ternura que el discurso del hermano le había despertado.&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;No way.&lt;br /&gt;Era vergüenza ajena. Eran las pelotas llenas de su monotemático hermano, de esa incómoda devoción, de tenerlo colgado de los pelos del orto.&lt;br /&gt;La conexión entre esa mueca tan extraña que no entendí al principio y su cara roja fue evidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el festejo y bueno… el dos de Enero, las calzas bajo el pantalón de fútbol negro. El dos de Enero, las zapatillas y las medias hasta las rodillas. El dos de Enero, la botellita de agua mineral de la propaganda.&lt;br /&gt;Lo ridículo que me resultaba verlo llegaba a provocarme náuseas.&lt;br /&gt;La bronca.&lt;br /&gt;Mi abuela lo amaba, lo prefería antes que a mí. El verlo borraba de su mente que era yo el que le hacía los mandados, que era yo el que la acompañaba cada vez que la internaban, que era yo el que la recostaba en el sillón cuando le bajaba la presión. Y yo era el que había decidido, siendo un chico de once años, que viviría con ella para cuidarla (además de escapar de mi madre).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Juani arrancaba su rutina con el rezo de un rosario y, luego de ofrecer su sudor y cansancio a la virgen, comenzaba a correr.&lt;br /&gt;Los primeros días fueron muy cómicos: rezaba como por media hora y precalentaba ruidosamente saltando de acá para allá. Se movía con la agilidad de alguien que ni siquiera había pateado una pelota al sobrinito en la plaza.&lt;br /&gt;Ese rito de cuarenta minutos formaba parte de un todo hilarante: cuando este atleta de la segunda edad pasaba los cien metros, su paso parecía tropezar con sus pulmones y todo se volvía un concierto de zancazos y esputaciones con tos de perro engripado.&lt;br /&gt;Es que los años vienen para quedarse…y peor aún si uno los convida con porro, birra, pastas varias y otros aperitivos tóxicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos días desarrollaron algo de su intuición y algo de su precaria lógica, por ende no corría inmediatamente después del ritual rosarino. Caminaba un buen rato, corría un poco y volvía a caminar. Todo un avance para alguien que, cuando fue al mar por primera vez a los treinta y siete años, dijo algo así como que “esta agua de mierda está amarga como la mierda. Ni loco me meto.” Y no se metió en los siete días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me pregunté si las avalanchas de nieve pueden empezar como muestran en los dibujitos; si una piedrita puede transmutarse en un monstruo que se come todo lo vivo y no-vivo. Después de esto verán que saqué una conclusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una viejita, que siempre veía al Juani rezar antes de correr, se acercó a él una mañana y le pidió rezaran el rosario juntos. Ambos expusieron sus intenciones y, al concluir, la viejita se fue dándole bendición y beso todo en uno, y el Juani corrió.&lt;br /&gt;Un día después la doña pintó por lo de mi tío y preguntó por el señor Juani: de su reciente visita a Luján le había traído un regalito. Una hermosa remera con la virgen estampada al frente y espalda apareció frente a los ojos del conmovido señor Juani. La anciana prometió una sorpresa más grande por la mañana. Que sería…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el árbol bañado de luz matinal, donde cada mañana renacía su misión, su ofrenda, su única ocupación, se encontraban alrededor de ocho personas que lo veían venir exaltando sus corazones con emoción. “Estas personas quieren unirse a tu sacrificio y ofrecer sus alabanzas a la virgen con alguien que sabe lo que es sacrificarse por el otro….” Yo sé el parlamento porque una de esas personas era mi abuela.&lt;br /&gt;Creo que en ese momento todo fue claro para él. Entonces se sacó la camiseta de Boca y abajo tenía la de la virgen. Un clamor hermoso se oyó. La esperanza. Las respuestas. La venida. Ese alguien que todos necesitamos estaba ahí para ellos.&lt;br /&gt;Rezaron llenos de gozo y se sintieron uno. La maratón de uno era luminosa ahora. Todos los días se sumaban más y más que apoyaban la ofrenda del Juani. Su tiempo promedio había pasado de cuatro minutos a una hora de resistencia pura en cuatro meses. Calculaba que aumentando de a diez minutos por semana lograría alcanzar las ocho horas necesarias para llegar de pié a la basílica.&lt;br /&gt;Ni fumaba, ni tomaba, ni se empastaba. Pollo y agua y fideitos con aceite y manzanas y redoxón. Dormir, tele, correr, tele. Dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las tardes llamaba por teléfono a su hermano para comentarle que todo marchaba muy bien y que se comenzara a preparar porque la fortuna llegaría otra vez de la mano milagrosa de la señora virgen. A veces Javito lo maltrataba al principio, pero luego empezó a ver cosas que lo hicieron cambiar de parecer.&lt;br /&gt;Lo irónico, y tal vez más conveniente, era que si Javito no empezaba a entrenar un poco para bajar la panza de hace-mil-años- que- no-hago- nada no iba haber milagro que lo pare frente a la televisión, porque el lugar de lechón súper-sexy lo tenía Leo Matungo hacía un lustro por lo menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A un mes del ocho de diciembre, día de la virgen, el señor Juani estaba atendiendo a los medios locales –radios con diales perecederos, sorpresivos y hasta a fugaces canales que se atrevian a pasar Los Simpson’s en el mismo horario que el once- y a los que lo entrevistaban para diarios escolares… y las minitas que se acercaban…y a todas las madres que querían un yerno como ese.&lt;br /&gt;Mi abuela tenía un altar con su foto y la de Javito donde estaba la pecera.&lt;br /&gt;En esos días, el presidente del centro comercial le dio cien pesos y le pidió si podía escribir el nombre de su vieja en la remera para que esta mejore su condición. “Si”.&lt;br /&gt;Y otros tantos se lo pidieron.&lt;br /&gt;“Si”.&lt;br /&gt;Eran como cien de cien. Todo eso en billetes índigo.&lt;br /&gt;Pero el perfil del Juani era bajo.&lt;br /&gt;Se la estaba creyendo, así lo intuía yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Javito estaba con los ojos abiertos, oliendo la tierra donde estaba ese hueso que había enterrado hace años ya, y empezó a frecuentar más seguido nuestros pagos. Las posibilidades de cruzarse con una cámara o un fotógrafo eran altas y muy beneficiosas. Hasta barajó la posibilidad de un posible show al aire libre mientras su hermano partía en busca de ese grial que santamente los llenaría a sorbos de grandeza y poder. Al toque el Juani le dijo que no daba. “ Las viejitas, viste? Por ahí se asustan del ruido. Pero no te hagas problema, voy a ir escuchando lo tuyo mientras corro y rezo.”&lt;br /&gt;“Bueno, Juani.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A unos quince días del gran ocho, yo estaba mirando desde el primer piso a los pibes en la plaza. Eran las tres o cuatro de la mañana; el calor, sofocante. Se cagaban de risa de a ratos y se silenciaban entre ellos. Habían estado ahí desde la una. Se veían brillos varios, humaredas de todas y oía golpeteos de cilindros de vidrio. Se ve que estaban jodiendo a alguien con los mensajes de texto del celular porque posterior a un timbre de llamada las risas y las puteadas afloraban de todos y cada uno.&lt;br /&gt;Tipo cinco y veinte empezaba a despuntar el sol del domingo y las alimañas empezaron a diseminarse. No me sorprendí mucho al distinguir que uno de los que estaban siendo delatados por el sol era el Juani. Claro…los domingos corría por la tarde… se estaba yendo hecho mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vigilia viciosa de mi primo se había hecho una repentina costumbre; sobre todo desde que se corrió la voz de una visita de Santos Biasatti al lugar y los comerciantes comenzaron a esponsorear al Juani con parches en los pantalones: Supermercado los 5 hermanos, Remisses La estrella, otros. El parche, cien. Eran como cien de cien. Todos billetes nuevos-nuevitos color índigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última marca, que se había impuesto tras once meses de severo entrenamiento y dieta, era de seis horas de resistencia que tenían en un extremo un trote seguro y al final una prolija caminata menos rápida que el trote, pero mas segura que cuando yo mismo corro el colectivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa semana final, el Juani juntaba tanta plata que hasta mi abuela vino un poco asustada de su casa. La cantidad de comerciantes que se congregaban tratando de meter su logo en la casaca virginal era demasiada, pero él fue justo y le dio un lugar a todos y cada uno. Eran como cien de cien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hermano Javito estaba como loco. Las hijas quinceañeras se habían enterado quien había sido el tipo ese y se sacaban fotos con él. Algunas porque sí, otras para la hermana de veinti-tantos y otras porque tienen quince y estaban que se ardían hasta con una foto de Menem.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que lo vi el miércoles anterior al gran sábado ocho, ya no pude reconocer la cara de la virgen detrás de la vaquita de “Carnicerías El prado “.&lt;br /&gt;Tampoco pude ver los rastros de ese nuevo humano que estaba formándose, ya desfigurado por las noches de plaza oscura y alcohol que seguro él estaba invitando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta el día que me fui de lo de mi abuela, de mi casa, lo había visto parando con los pibes el lunes y el martes inclusive… por eso me fui luego de la discusión, masticando la ira de no poder decirle a una vieja enferma de la presión que su mayor orgullo, con quien me estaba comparando, seguía siendo un tránsfuga de mierda que no podía cambiar nada, no podía mantener ni el “señor” que se había ganado frente al nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ Cortala, abuela! Pará de compararme con ese tipo. Por más que yo no cumplo tus expectativas de cómo debería ser un pibe de mi edad, no te voy a permitir que me sigas comparando con ese boludo. Vas a ver que te vas a querer matar cuando el tipo te decepcione y garque a todos los que confiaron en él.”&lt;br /&gt;“XXXXXXXXXXXX”&lt;br /&gt;“ No! Yo sé porque te lo digo.”&lt;br /&gt;“XXXXXXXXXXXXXX”&lt;br /&gt;“Pero andá a cagar vos, el Juani y tu baño”.&lt;br /&gt;“XXXXXXXXXXXXXXXX”&lt;br /&gt;“Ni en pedo. Si vuelvo es por la ropa. Chau.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto ya lo saben.&lt;br /&gt;El desenlace de la historia verídica del Juani es el ocho de diciembre. Faltan unos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 2&lt;br /&gt;Parar en lo de mi vieja&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tamaña experiencia en la que dije todo sin decir casi nada, y de caminar y caminar, y de tragar el smog hasta de las bicicletas, enfilé para lo de mi vieja porque me puse a seguir la hidalga figura de Nerina, mi hermana mayor.&lt;br /&gt;Al principio mantuve distancia, pero a las dos cuadras la alcancé.&lt;br /&gt;Al hablarle la flaca miró un poco hacia atrás y me vio ciegamente. Pero yo vi que lloraba. La volví a llamar y le hablé. Estaba tan acongojada que apenas respiraba, pero por momentos se reía y decía que la deje, que ella podía sola.&lt;br /&gt;La dejé avanzar unos pasos sola y entonces se volvió sobre sí.&lt;br /&gt;“Nunca vas a poder creer lo que me pasó”, ahora reía. Ahora lloraba y casi convulsionaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Treinta minutos después yo lloraba de tristeza e hijadeputez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia verídica de Nerina y Susi, Vico y Nerina y Nerina y el Toby.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nerina es muy delgada, pero bastante tetona, y tiene los dientes medio chuecos. Se podría decir que “se ríe y la caga”, porque su mueca de seriedad la acerca a la de los retratos de los Médici en el Renacimiento italiano, severa pero apaciblemente segura de sí.&lt;br /&gt;Hacía unos meses Neri se había encontrado con un compañero de quien obtuvo el teléfono de la Susi del título. La magia celular las acercó. Siete años después, las intimas amigas de la secundaria se verían otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La relación que habían llevado había sido tan cercana que este distanciamiento fue terapéuticamente necesario. O sea, ahí estuvo Neri cuando la mamá de Susana fue fulminada por un cáncer que la hizo nada en instantes. Ahí estuvo Susi cuando Neri intentó alguna vez defender a papá de la bestia iracunda que incorporaba mi mamá cuando éramos chicos y para cuando fue lo de la separación.&lt;br /&gt;Actuar de escudo humano, en esas épocas pre-separación, era un error: o eras un humano que observaba o un escudo inerte; así lo sentía mi vieja mientras daba las más certeras estocadas con palos de escoba, sartenes, pinzas, martillos, una planchita del pelo y dolorosos etcéteras. En uno de sus atentados contra mi viejo resulté apuñalado con una zanahoria. Parece raro al contarlo, pero me dolía el lomo cuando llenaba los pulmones: un hematoma negro, violeta y amarillo-verdoso me pintó las costillas por diez días, según recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Nerina y Susana terminaron de verse diariamente, post-secundaria, aprovecharon para descansar de ese vínculo. Las últimas charlas eran los informes post-traumáticos de cómo andaban todos tras la muerte de la mamá de una: la evolución de Vicente padre e hijo (papá y hermano de Susi), y de cómo habíamos tomado cada uno la separación de mis padres. Todo era bajón.&lt;br /&gt;Los días se acumularon y formaron una pila de años en los rincones de lo que habían construido. Pero ahora se verían, y eso era bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El trabajo de la flaca era muy exigente. Vender ropa en un local en Once implicaba: horas de viaje, cero contemplación de viáticos, sin feriados, sábados, domingos, doce horas de trabajo casi sin descanso y un sueldo dietético que debía alabar frente a sus compañeras, todas alcahuetas del dueño.&lt;br /&gt;Fue así que tuvo que matar algún familiar para poder salir a las seis e ir a comprarse alguna que otra pilcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje en el colectivo fue bastante cómodo y, meditando - me dijo-, se dio cuenta que aunque no estaba totalmente ansiosa de volver a encontrarse con Susi, guardaba en su interior augurios de redescubrir la contaminada amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tipo ocho y media llegó al departamento a donde habían terminado Susana, papá “Vico” e hijo “Vitico” tras una serie de infortunios económicos, en los cuales el negocio familiar de cría y venta de conejos y derivados se había extinguido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acogida fue bien rara.&lt;br /&gt;“Pasá. Esperá acá” dijo el marciano que le abrio la puerta. No se presentó y la dejó ahí parada con la cartera y la bolsa con la botella de tinto que había comprado en el trayecto hasta ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las fotos colmaban el living- comedor del departamento, que no la asombró ya que tenía la misma distribución de habitaciones que los de Don Orione: parada desde la puerta de entrada se veía la entrada a la cocina y un pasillo que conduciría a las tres habitaciones y baño. Hasta habían mantenido la distribución de muebles del antiguo hogar.&lt;br /&gt;En una de los murales estaba la difunta mamá y, en otro, una madura Susi con un perro enorme. En los portarretratos estaban los hombres de la casa: Vico y Vitico, que era el coso que la recibió. Viendo la foto pensó que la evolución de ese nene dulce de once años no podía haber devenido en el tipo pálido y ojeroso, con ojos que miraban al costado mientras hablaba.&lt;br /&gt;“Mi papá me dijo que venías. Ya viene.”&lt;br /&gt;“Y Susi? A que hora viene?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron diez minutos antes de que llegue la respuesta. La espera, aún de pié, la estaba incomodando. De pronto, la figura del pibe saliendo de la cocina la impresionó. Venía directo hacia ella con la velocidad y actitud de alguien que quiere apuñalar. Los brazos, rígidos al costado del cuerpo. Frenó a unos centímetros de la flaca y le dijo: “no sé”.&lt;br /&gt;“ Mi papá me dijo que comprara la comida, pero me olvidé. Igual hay algo para comer, o si querés lo mato al Toby y hago un guiso.”&lt;br /&gt;Cuando terminó de decir eso enfocó la mirada en los ojos de Nerina por primera vez y le sonrió. La muy cagona apartó la vista y vio la foto de su amiga con el perro enormemente feo.&lt;br /&gt;“Ja. Dale. Yo traje vino.”&lt;br /&gt;La loca pensó que el pendejo se pasaba de idiota. Encima del chiste estúpido como él, la había dejado otra vez parada con el brazo extendido alargando la botella a la nada, y otra vez, el muy bicho-raro, se desvaneció. Gracias a Dios, el timbre no tardó en timbrar trriiiin!&lt;br /&gt;El “hola flaca” vino con abrazo excesivo y prolongado, hasta hubo una inhalación profunda en el pelo enrulado de Neri, pero esto no la asustó…solo le recordó que así saludaba Vico.&lt;br /&gt;“Recién llegaste? Vení. Dame la cartera. Sentate.”&lt;br /&gt;“Traje vino.”&lt;br /&gt;“Vitico! Vení a saludar a la flaca. Te acordás de ella? ...Nerina…la flaca…”&lt;br /&gt;“Hola”. Otra vez vino y miraba el piso. Se fue.&lt;br /&gt;“Ya comemos? Dale que son como nueve y media.”&lt;br /&gt;“En una hora comemos.” Salio para la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vico la invitó a sentarse y le comento que Susi había llamado para avisar que tenía una reunión con los demás encargados del supermercado por el tema de las fiestas, así que llegaría un poco mas tarde.&lt;br /&gt;La conversación abarcó todos los temas inmediatos que pueden surgir en dicha situación: por ejemplo, Vico seguía en el mercado de los conejos, pero como empleado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron cuarenta minutos de charla, adornada de un delicioso perfume a comida casera. Ese olor que sólo sentía allí, en el seno de esa familia con quienes tantas cenas habían compartido por años, hace años.&lt;br /&gt;La hora de comer comezó con un ballet de tres perfectamente sincronizado: el mantel cubrió la mesa como flotando, los vasos y platos y cubiertos para cuatro casi se auto-distribuyeron equidistantes en la superficie. Nerina no necesitó adivinar nada, todo estaba en su lugar como hace ocho años: las servilletas y el pan en la bolsa, la cuchara de servir y el destapador. La música espacial interna solo fue interrumpida por el otra vez triiiin timbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era Susana. Era toda una mujer. Otra mujer. No parecían de la misma edad. Se habia puesto corpulenta y la voz tenia cierta seguridad, nueva para Nerina.&lt;br /&gt;Ninguna lloró con el reencuentro. Se preguntaron si estaban bien y entonces Susana dijo: “Me doy un baño rápido. Ustedes empiecen sin mí. Entro y salgo. Y mi hijo? Che, que están cocinando? Hace bocha de años que no comemos bien…hasta Neri está acá…”&lt;br /&gt;“Dale nena, dejá de dar vueltas…igual que tu vieja…no cambió en nada tu amiga. Sigue igual de tonta.” Dijo Neri que le dijo Vico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un minuto después el hermano-cara-de-loco salio con la fuente: violento estofado de pollo o conejo. Mmm…si…definitivamente era conejo…ese olor…&lt;br /&gt;En esa familia tenían la costumbre de preparar este guiso-estofado de conejo de una manera particular: cocinaban fideos tipo “munición” y, además, arroz y lentejas y papas y zanahorias. Todo hecho un todo por la grasa del conejo y las cantidades exageradas de queso, que casi ocultaban los otros sabores. Yo lo comí una vez y lo recuerdo todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susi no “entró y salió” como prometió. Pasó como a los veinte minutos del baño a la habitación y, a los cinco minutos, vino. Antes de sentarse fue hasta la cocina y salio con cara de intriga. “Estoy buscando a mi hijo”. Se sentó.&lt;br /&gt;Nadie acotó nada, sólo un gesto de “sentate y dejate de romper los huevos” de papá Vico -con la mano señalando lugar y acción, más la cara de correspondiente de fastidio-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se sirvió la comida y esperó, charla mediante, que la comida se enfriara tanto que “ni el perro comería eso” –discutirían hace tiempo todas las noches, todas las cenas, padre e hija. Las cosas habían prosperado ya que no se hizo mención del tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres se apropiaron del aire. Las palabras femeninas y los comentarios de cosas rosadas llenaron los oídos de los comensales masculinos, o al menos, de uno. El otro comía a un ritmo lento pero acompasado al masticar. Miraba mas allá del plato, como contando los cuadraditos del mantel.&lt;br /&gt;Susana: apartó un poco de papas y las probó. Muy calientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes, y en varias ocasiones habia mirado debajo de la mesa, levantando el mantel. Inclusive mientras le hablaba o esperaba la respuesta de la flaca.&lt;br /&gt;Se levantó y a posteriori se escucharon puertas que se abrían y se cerraban: cómodas, corredizas de ropero, habitaciones, el baño tal vez, etc.&lt;br /&gt;Neri estaba en una lucha cuerpo a cuerpo con el externón de su cena. El cuchillo no entraba entre las costillitas. “ Agarralo con la mano y dejá de joder. Comé con la mano! …eso…así”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vico era así. Si algo era bueno para él, entonces tenía que serlo para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ Pa…dónde está el Toby?”&lt;br /&gt;“ No sé. Sentate a comer.”&lt;br /&gt;“Vitico…dónde está el Toby?”&lt;br /&gt;“Lo maté y lo estamos comiendo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susana se re-calentó y empezó a buscar desenfrenadamente por las habitaciones, placares, modulares. Salio al hall y llamó desde el portero eléctrico a los vecinos.&lt;br /&gt;Nosotros seguíamos sentados a la mesa comiendo.&lt;br /&gt;“En serio, hijo?”&lt;br /&gt;No hubo respuesta. Tal vez el idiota contestaría a los diez minutos, pero antes entro Susana como un tren, directo al la cocina.&lt;br /&gt;Gritó de horror mientras salía de allí espantada. “Está la piel del Toby colgando de la reja de la ventana! Animales! Asesinos!”&lt;br /&gt;“Dejate de joder, che. Era un conejo. Son para comer.”&lt;br /&gt;“ Papá! Por qué lo mataste?”&lt;br /&gt;“Yo no fui. Esto lo cocinó tu hermano.”&lt;br /&gt;“ Vitico, porqué lo mataste al Toby? Era mi conejito? No te acordás?”&lt;br /&gt;“La Nerina me dijo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado ese punto, me contaría mi hermana más tarde, tuvo que explicar lo sucedido. Que ella pensó que era un chiste y que fue un error. Y que Toby le sonaba a perro. Y que nadie le cocinaría un perro. Y que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Podés soltar al Toby, Nerina?” reclamó la aterrada Susana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pelotuda de Nerina parecía no entender el dolor de su amiga, al igual que su familia criada en la rutina de la cunicultura y seguía masticando los jugosos trozos de carne blanda, mientras sostenía la osamenta con la punta de los dedos de ambas manos.&lt;br /&gt;“Perdoname, no me mires así. Me hacés sentir culpable…yo no sabía…para colmo estaba rico el Toby” dijo Neri, empujando con vino el bolo alimenticio formado por su saliva, pan y el hijo de su amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llorisqueando entre frases como “lo tenía hace cuatro años” y “dormía conmigo”, Susana se fue retirando a su cuarto. Nerina la siguió y estuvo toda la noche consolándola, como en los viejos tiempos. Ahí se enteró de que a Vitico se le habían complicado las cosas desde la muerte de la mamá y por eso Susana sentía que no podía enojarse con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encuentro había fracasado y, lo peor de todo, con una baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Vayamos a casa rápido. La verdad es que si alguien más me hubiese contado esto no lo hubiera creído ni a ganchos. Además, todavía mamá tiene que enterarse que seré su huésped por un tiempo… así que te comiste a su bebé…”&lt;br /&gt;“Hijo, no bebé. Forro.”&lt;br /&gt;“ Un hijo de unos tres o cuatro años es un bebé, o al menos un nenito. Cometiste cuninfanticidio. Eso es raro.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hice llorar un poquito más. Y otra vez nos reímos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oh. Crueldad! Dulce apósito para las miserias que se infestan de empatía…remedio inmediato, láudano tibio para la verdad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llegada a lo de mi vieja se le hizo más difícil a mi cuerpo que a mi alma. La memoria en mis ojos los hizo cerrarse; miedo al inminente golpe. La memoria en mis oídos los hizo llenarse del volumen dañino de música inexistente; miedo a escuchar rupturas de cosas y corazones.&lt;br /&gt;Mis piernas se tensaron tanto a la entrada… llegó un viejo dolor de contractura bajo el omoplato…la contractura de un chico de diez años…mi único bulto aquel día que huí por seis meses de todos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busqué al que estuviera para anunciarme, dormitorio por dormitorio.&lt;br /&gt;Nerina habia desaparecido en el baño después de salir de su pieza, que todavía compartía con Emiliano, nuestro hermanito.&lt;br /&gt;Éste. , nuestro hermano menor, contaba con todo nuestro calor y permiso de ser totalmente malcriado, a veces con niveles de impunidad mayores a los de un Bush o un Farsi-Lavalle en su momento.&lt;br /&gt;Entré y lo saludé. Inmediatamente mencioné su ombligo. Seguía sin mejorar. El olor en el aire era más que explícito. Me senté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía cinco años, justamente desde los cinco, que Emi cargaba con el centro umbilical de un sistema perfecto que su mente genial había creado: la familia, conocidos y desconocidos que entraban a la casa se presentaban ante él con respeto. El respeto que merece alguien que es capaz de cargar con tamaña cruz con la calma del más impasible de todos los hombres. En el barrio, entre viejas y parentela, habíase llegado a comparar su situación con la de un estigmatizado, la de un santo que se entrega al capricho de Dios.&lt;br /&gt;El hongo que vivía en su centro era incontrolable. Nunca pudo ser tratado con nada. Eran tan profunda su roja-violácea raíz que el terreno tomado supuraba en toda su extensión, de un radio de ocho a diez centímetros según la desmejoría. Solo el centro, ese pozo en carne viva, era el que emanaba ese olor dulce que provocaba náuseas y arcadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía casi dos años que Emi se había refugiado en su cuarto a estar con él mismo y su carga de perfume a bóveda de cementerio en verano. Había engordado mucho en ese período.&lt;br /&gt;Los dos dedos frente de mi mamá, sólo preocupada por su nuevo-nuevito novio de aquellos días, habían resuelto que si el Emi no quería ir a la escuela ese año había que comprenderlo, ponerse en el lugar de él, y todas las sandeces que dijo para justificar la deserción. Dos años así…&lt;br /&gt;El cable se había vuelto su única posibilidad de disfrute. Dibujos animados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún alma era bienvenida en su lugar. Parecía desconfiar de todos, sobre todo de aquellos que llegaban con alguna propuesta curativa. Hubo incluso un médico dermatólogo, amigo de una de las señoras amigas de mi abuela, que lo visitó sólo una vez con resultados increíbles: la desinflamación se hizo evidente en minutos apenas. La crema debía ser aplicada cada cuatro horas. En apenas dos días el olor ya no se percibía y una cáscara negra con destellos amarillos vino a consolidar el progreso. La bola se corrió por todos lados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo de amigas de la Noni, las rosarinas –como las solía llamar yo en forma cariñosa- se reunieron en la casa para rezar una oración de agradecimiento a los santos que habían intercedido en la curación. Una de las rosarinas, una vieja maestra jubilada, apenas terminado el rosario completo en el que había derivado la simple oración de gratitud, corrió las cortinas en el lugar y dijo, casi en voz alta, que ahora la vuelta a la escuela era irremediable, que su hija era directora de una escuela que…bla. Todos los estábamos tan contentos con la recuperación de Emi que lo abrazamos y besamos entusiasmados, llenos de esperanza de que su vida se llene de la normalidad que se divisaba.&lt;br /&gt;La declaración de la vieja fue casi una maldición: a la noche, en al última aplicación de la crema antes de dormir, una picazón invadió la zona del ombligo de mi hermano que, en un arranque de frenesí, no pudo evitar arrancar la costra y ensangrentarse las manos completamente. Los gritos de “arde”, “quema”, “pica” y “duele” afloraban de su boquita. Su mente criminal tramaba un plan de ocio perpetuo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día se negó completamente a dejarse untar la poción antes efectiva. Una vez lo espié todo el día y lo vi mojando la punta de su dedo índice para luego introducírselo en el ombligo, que ya comenzaba a heder como en los últimos años. Yo quería decirle a mi vieja que todo era una farsa…pero me divertía tanto con lo que hacía este pequeño embaucador que preferí callar.&lt;br /&gt;Tantas esperanzas desaparecieron con aquel suceso… la escuela, los partidos de fútbol en algún club, los mandados que cualquier hijo de Adán debe hacer a su madre.&lt;br /&gt;Todos sentimos algo diferente… pero nada comparado al terror explícito y súbito que se había despertado en Emi contra aquel doctor, que posiblemente había probado algún medicamento nuevo en él. Eso pensábamos nosotros. Bah, eso lo dije yo en broma pero mi mamá no lo sintió así.&lt;br /&gt;Ante tal sospecha, la de haber usado a mi hermano como rata de laboratorio, esperó al dermatólogo sin decirle sobre la reciente desmejoría y le pegó con una varilla de hierro de construcción en la cabeza.&lt;br /&gt;Vino la policía.&lt;br /&gt;Mi mamá estuvo detenida por cuatro días.&lt;br /&gt;Una jueza la liberó porque consideró que lo de Emi era una incapacidad leve, pero incapacidad al fin, y que debía ser atendida por su madre sin demora. El médico nunca hizo juicio…habrá considerado a mi mamá inimputable él mismo, sin que nadie más se lo dijera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El olor, la oscuridad y el círculo de infección habían vuelto a tomar por “asalto” a su pequeño huésped. Como no consentir a un niño que sufrió tanto como él.&lt;br /&gt;Verlo hoy en su habitación solo … casi nada comunicativo … viendo las mismas series una y otra vez… comiendo golosinas y recibiendo visitas de los que él nunca visita… sin asistir a la escuela …sin siquiera jugar un partido de fútbol…y esa picazón que lo martiriza…&lt;br /&gt;Es un hijo de puta…a veces lo admiro…y a veces quiero decirle que lo que está haciendo está mal…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vi unos minutos de tele junto a él y vi pasar la figura de mi papá tras unos segundos de haber escuchado la puerta de entrada.&lt;br /&gt;Había vivido en esa casa haciendo de su habitación su hábitat, su fuerte y su bastión por muchos años.&lt;br /&gt;Antes, en su juventud, había sido el novio de mi mamá.&lt;br /&gt;Años más tarde fue, primero, papá de Nerina, segundo, esposo de mi madre y luego vine yo.&lt;br /&gt;Luego vino una rara forma de separación con él aún viviendo allí, incluso, hasta después del divorcio, once años después.&lt;br /&gt;Luego…el nuevo tipo de mi vieja, el papá de Emi. La Marta era como una Doña Flor en la favela orionita.&lt;br /&gt;Durante los primeros meses, mi viejo aguantó las ganas de volarse del lugar. La situación con el nuevo marido de mi mamá era tensa. Pero la simplificación del problema vino con los golpes que el tipo se comió una noche de celos a La Marta, donde también cobro mi viejo al tratar de frenarla, ya que llevaba cinco meses de embarazo de Emi.&lt;br /&gt;El otro la hizo fácil. Desapareció. Nunca más lo vieron. Dicen que se volvió a Entre Ríos, que se casó otra vez y varias veces más.&lt;br /&gt;La cosa es que el nene le dice papá a mi viejo porque mi vieja le dio el espacio suficiente para que este lo críe y malcríe (todo lo que no hizo con nosotros, sus hijos naturales, los que el eligió tener pero siempre temió aceptar).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de mi viejo es terrible. Era muy mujeriego…como todo colectivero…y le cabía la merca a full.&lt;br /&gt;Lo defendíamos porque no queríamos que mi mamá lo mate. A nosotros nos pegaba tan fuerte que, por empatía, tratábamos de defender a cualquiera de sus garras. Además, éramos un par de niños que no podían atribuirle significado a gritos enardecidos como “otra vez estás re-duro” o “otra vez viniste con olor a colectivera!”. Siempre era “otra vez”…y mi vieja que enseguida le pegaba con cualquier cosa. Casi todas las noches, lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de irme definitivamente, me escapé por seis meses al departamento de mi tía…frente al nuestro. Pero bueno, tres años después me volé a lo de la vieja más cascarrabias del planeta antes de seguir en esa selva violenta, odiosa y viciosa a la que, por cierto, estaba volviendo y, tal vez, no por unos pocos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;Traté de hablar con mi papá.&lt;br /&gt;Abrí la puerta de su habitación. Se había acostado. Me dijo que hablara con mi veja por el asunto de quedarme. Ni siquiera aclaró si le gustaba que esté ahí, o algo…luego me dijo que llamara “al Emi”. Eso fue todo. Nada nuevo.&lt;br /&gt;Mi hermano entró y le dijo un “hola papi”. Hubo abrazos y besos. Cerré la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 3&lt;br /&gt;Parando en lo de mi vieja&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dijo “si” y enseguida me mostró lo que se moría de ganas que todo el mundo viera: un Garfield tatuado sobre el omoplato derecho. Estaba recién hecho, fresco, como su nuevo novio: un tipo muy feo con camisa desabrochada para enseñar todas las cadenitas de oro con dijes de oro sobre su pecho lampiño. Todo ese oro hacía juego con el de su aro en la oreja. Si…medio pelado y con una colita de caballo…si, mi mamá era la novia de Antorrio Níos o, al menos, de su maaaaaaaaaás detallista admirador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Quedáte el tiempo que quieras. Yo me estoy quedando en lo de Marcos por unos días.&lt;br /&gt;Dormí en mi cama si querés. Vine a buscar unas cositas…chau…me voy…me fui.”&lt;br /&gt;Salio corriendo de su habitación y, en vez de darme un beso y un chau, lo besó a el.&lt;br /&gt;Los miré. Sus dos bocas juntas no juntaban una hilera de dientes. Chau. Se fueron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anduve por la casa, perdido. Miraba los cuadros. Las fotos. Lo que había sobre la mesa: migas de pan, una docena de tazas usadas y sucias, dos frascos de mermelada destapados, moscas gordas, cuchillos, cucharas, saquitos de te, platos con restos de salsa, moneditas, colillas flotando en vasos con algo adentro. La mugre del piso.&lt;br /&gt;La grasa en las paredes. Por un momento conjeturé que detrás del aparador estaría el hueso del bife que le clavó mi vieja una vez a mi viejo. Ah, si. Estaba. Justo a mitad de camino. Todavía, después de once años de haberme ido, el huesito no había aterrizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nerina dormía hace una hora. Emi miraba TV y comía, como de costumbre. Papá…no sé.&lt;br /&gt;Me fui a dormir a la cama de mi vieja. Me dormí rápido y angustiado. Pensaba en la vieja, la Noni, mi abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día, un jueves, desperté temprano y me fui para lo de Eli, mi amiga desde séptimo grado.&lt;br /&gt;La mañana lanzaba llamas como en la voz de Luís Alberto. Las veredas del barrio apenas sostenían al sol y su kilaje de luz. Mirando entre las ramas traté de localizar el departamento de ella. Ahí.&lt;br /&gt;Toqué el portero y me abrió sin preguntar-quien. Subí hasta el segundo y antes de tocar el timbre-triiiin abrio y dijo: “viste a mis viejos irse? Estaba el auto? Pasá.”&lt;br /&gt;Puso llave y me hizo el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si de algo puedo jactarme, sin ruborizarme, es que tengo una visión un poco más amplia de los intereses medios de esta familia. No creo que estudiar arte me haga superior, pero soy una especie de ser que no tiene miedo de forzar al destino o, al menos, tengo dudas sobre tener asegurado que es lo que quiero para mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta familia siempre temió por lo que venía. El hecho de cumplir dieciocho o veinte años despertaba una desesperación masiva en la familia inmediata. La solución: escuela de cadetes o sacar el registro para chofer de colectivos de línea. Ese era el camino natural para estar casado con hijos a los veintiuno y ser por siempre uno más.&lt;br /&gt;La excepción primera fue Javito, pero apuntó a lo fácil y, por ende, fácilmente agotó todo lo que había.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mío siempre estuvo ligado a las artes plásticas. Desde muy chico hacía cositas tridimensionales con plastilina o arcilla. Copiar superhéroes, luego de observarlos exhaustiva y obsesivamente, era mi mayor don. Muchas de estas prácticas pude desarrollarlas durante los veranos en que asistía a los comedores escolares. Allí, varios profesores de artística se ponían manos a la obra para instruirme en las nociones básicas de mezcla de colores, proporciones, escalas de grises, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos veintidós años que tengo ya he logrado desencajar del modelo medio de integrante de mi familia, lo que puede ser insultante para algunos como, por ejemplo, mi viejo. Casi no me habla. No me odia. Es que no tiene de que hablarme. Haberme negado a ser colectivero me dejó fuera de su milimétrico círculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eli, mi amante, mi amiga, mi novia, constituye el otro cincuenta de una, nuestra, empresa. La nuestra es un cien bien nuestro. Nuestro cien no requiere inversiones monumentales ni materiales importados.&lt;br /&gt;Ella y yo reciclamos: creamos pequeñas obras de arte, en su gran mayoría reproducciones de esculturas famosas o cuadros de artistas célebres. Todas hechas con materiales reciclados. Además solemos preparar souvenires extravagantes para fiestas de quince, despedidas de solteros y graduaciones. Todo suma.&lt;br /&gt;Así nos ganamos la vida desde hace cuatro años, después que dejamos la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esta morocha de ojos verde-uva le faltaba medio metro para medir dos y sus respetables caderas no permitirían detectar a primera vista lo pequeños que son sus pechos -aunque yo los veía sin antes haberlos visto; los soñaba apoyados en mi frágil pecho desnudo-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día que Eli me amó, un gran demonio se escapó por la ventana. El dolor de saberla o imaginarla con alguien ya no me atormentaría. Su hartazgo de verme ahí, tan impasible, y no poder tocarme ya no la atormentaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que más decir…? Solo eso: que estaba empezando a detectar a alguien que tal vez quisiera borrar los rastros de mi vida con la cola de un león, que quemaría mi carné de falta de pertenencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi plan, mientras volvía de estar con ella toda la mañana, tarde y noche, era seguir pensando en ella y recordar sus colores y aguas que bebí y aguas que bebió. Pero no. Saliendo de entre los árboles nocturnos, donde la tibia iluminación artificial no traspasa, apareció la figura que temí encontrar desde que di los primeros pasos por los alrededores de la casa de mamá.&lt;br /&gt;Aldana. “La” Aldana. Mujer de veintiséis años, ex compañera de Nerina de la primaria. Intima amiga de mi madre por los últimos diez años. Iguales modales. Iguales pretensiones. Responsable de que yo perdiera la virginidad a los quince años: un momento hermoso que con el correr del tiempo estuve empezando a desear que nunca hubiera pasado. Ella era mi sombra. Su costumbre, provocar situaciones en las que quedábamos los dos solos, era algo maquinal.&lt;br /&gt;Cuando mi abuela estuvo internada por cuarenta y ocho horas en el hospital de Calzada, por haberse comida una lata de anchoas para suicidarse en el aniversario de muerte de mi abuelo, yo me quedé durmiendo en los bancos del pasillo del lugar, solo.&lt;br /&gt;El sol entró de golpe por la ventana y desperté con ella a mi lado, durmiendo sentada al igual que yo. Los dos debajo de una frazada, que ella había traído, con evidentes manchas de pasión, a no ser que esos fueran los caminitos de plata de muchos caracoles, como decía Lorca.&lt;br /&gt;El amanecer siguiente fue lo mismo y peor. Aun queriendo mantenerme despierto para evitar este infortunio, teñido de piedad y bondad, la muy zorra volvió a aparecer junto a mi e intentó meter su mano en mi bragueta. Casi lo logra al principio. De hecho, lo logró (pero después). Y yo la dejé. Ese era mi error: ser débil.&lt;br /&gt;Pero ahora no.&lt;br /&gt;Me dijo que me había visto y que si daba para xxxx y que si queria que xxxxxxxx, que la madre no estaba y xxxxxxxx , que si yo xxxxxxxx… y yo ya estaba agarrando viaje. No sé cual hubiera sido mi suerte, porque estaba realmente agotado de haber estado más de diez horas con Eli.&lt;br /&gt;Entonces pasó lo peor. Apareció “Eladero”, cayó justo frente a ella. No voy a reproducir el discurso que se mandó el flaco porque era ininteligible, pero puedo decir que sacó, me apuntó y guardó su arma tres veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor de estas situaciones es la duración. Un arrebato puede dejarte sin un mango en un segundo y una calentura que vuelve cada vez que uno lo cuenta. No hay contacto con el malhechor.&lt;br /&gt;Un asalto es una mierda peor. Aparece el factor miedo en ambos bandos, por lo que el tiempo se vuelve suspendido y te bancas que te cacheteen, que te abracen sobre el hombro como amigotes y todas esas forreadas.&lt;br /&gt;En esta situación aparece algo peor: quien controla y reina en al situación piensa mas de mil veces en hacerte pagar por todo. Quiere pegarle un tiro a ese que es la Madre de Todas las Frustraciones. Quiere que se desangren los sueños que hayas cumplido. No sabe lo que quiere, pero tiene la bronca, la locura y el poder para hacerte mierda ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su monólogo desquiciado habrá dicho algo que le sonó lo suficientemente claro y amedrentador, ya que decidió irse con ella sin más.&lt;br /&gt;La muy idiota me saludaba. Creo que estaba tan drogada como él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eladero tenía una historia bastante densa: se había vuelto un marginado, víctima de sus padres y hermanos que integraban una especie de familia-delincuente-tradicional. Aunque tenían aires y códigos que sacaron de ver El Padrino un par de veces, no eran una mafia. Sus golpes más famosos incluían un asalto a un banco que fue exitoso, un intento de robo a otro banco con modalidad “boquetera” que fue frustrado y el golpe maestro de asalto a un blindado con dos bajas: un seguridad privada y el hermano mayor de Eladero. Su suerte le había asignado el trabajo de campana, disfrazado de chico de la calle. Sus ojos impotentes presenciaron el fracaso y la muerte. La pérdida de su niñez.&lt;br /&gt;Por ese crimen los dos primos y el padre estaban presos. La condena estaba recién en sus primeros años.&lt;br /&gt;Tanta sangre y violencia había dejado una luz de sobriedad en el pequeño Marcelo. Su forma inmediata antes de ser Eladero era la de un ser que tenía dudas, un ser rebelando una inquietud: que se podía hacer más allá de la delincuencia?&lt;br /&gt;La pérdida de su hermano y su padre con escasos quince años fue una marca a fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los días en que se replanteaba si comenzaría la escuela y hablaría abiertamente sobre sus intenciones de no entrar a ese mundo que mata, su madre le dijo que era menester que tomara inmediatamente el lugar de su padre y hermano porque la familia necesitaba un regente, un organizador de eventos (delictivos), un planeador (con mucho vuelo).&lt;br /&gt;Ella supo hacer hincapié en la necesidad de mantener la casa.&lt;br /&gt;Esos hermanitos menores eran muy frágiles…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años pasaron y a los veinte había terminado una condena por los reiterados robos a mano armada, pero como volvió a entrar, apenas dos días después sin haberse alejado mas de un kilómetro de la prisión, es de una peli de Woody Allen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia verdá-verdadera de cómo Marcelo es Eladero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía unos minutos que había salido de la jaula. Llevaba el bolso de mano y los cigarrillos que le habían regalado para fumar afuera, y quince pesos.&lt;br /&gt;Los dos últimos años habían sido lentos, pero le habían traído conclusiones y regocijo, el que traen las respuestas cuando se practica la meditación: su vida era esa, la de un criminal, como su padre y como la huella criminal de su hermano. Su ocupación al llegar a casa sería continuar haciendo lo que tenía que hacer. Había escuchado por ahí que alguien tenía que ocupar el lugar que él ocupaba. Que era una cuestión de equilibrio. Que hay quienes tienen y quienes no tienen. Que hay quienes no tienen y luchan por conseguirlo. Que hay quienes luchan limpiamente. Que hay quienes no.&lt;br /&gt;Esa idea le había hecho cambiar su depresión por una actitud que muchos allí tomaban: hoy estamos acá…mañana allá…y después acá…y así por los ciclos de los ciclos.&lt;br /&gt;Se dio cuenta que ese lugar sería una parada obligatoria, que volvería una y otra vez, y que allí conocería gente que le sería útil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba caminando tranquilo. El tren estaría llegando en apenas unas horas con su madre y hermanos. Caminaba lento hasta la estación. Eran apenas un par de cuadras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los minutos después de las nueve de la mañana no fueron gran cosa. Los que llegaron con las diez, aun sin atisbo del tren, tenían cierta carga de ansiedad.&lt;br /&gt;La falta de necesidad de alguien para que anuncie el retraso del tren y sus causas era obvia: nadie esperaba tomar ese tren. Solo llegaba. Llegaba con las almas de las madres y esposas e hijos saliendo por las ventanas, hambrientos de ver a los suyos. Y los esperaba que volvieran a subir, con los bolsos sin la ropa ni la comida del reo, pero más pesados que antes, cargando el dolor de volver incompletos. Incluso con algún próximo usuario del servicio germinando en alguno de todos esos vientres.&lt;br /&gt;Tal vez fue el barrendero que le dijo que el tren no llegaría hasta el sábado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los quince pesos iniciaban una puja entre la elección y la incertidumbre. Si elegía “alojamiento” no comería en todo el día y, aún así, el viernes dormiría a la intemperie y hambriento como el lobo.&lt;br /&gt;Anduvo un rato merodeando por el centro sin alejarse demasiado; su andar incluía la esperanza de escuchar el ululante silbido del tren.&lt;br /&gt;La plaza lo resguardó el tiempo necesario para que descubriera un tímido volante fotocopiado en letra manuscrita. Hospedaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había conseguido el lugar para dormir, pero la vieja ratona que alquilaba las habitaciones de su casa no sucumbió ante los millones de ruegos que éste le había prodigado para que lo incluyera en la lista de comensales.&lt;br /&gt;Vieja de mierda.&lt;br /&gt;Si hubiera estado sola a la hora de comer…todo hubiera sido como en su mente lo proyectó en fracciones de segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche no fue muy dura. Trató de llegar cerca de la media noche para no sentir el olor a comida. Lo logró.&lt;br /&gt;La mañana lo encontró oliendo las tostadas aún sin haber despertado. Tuvo que salir rápido. Tostadas… pudo agarrar una entre el “buenos” y el “día” que tiró furtivamente a espaldas de la dueña de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en la calle, el hambre le hacía temblar las manos cuando era la una. El sol…el hambre…la gente…palomas…ese olor…el mareo…el viernes…la madre…quince pesos…el hambre…la plaza…la heladería. La heladería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por asaltarla volvió adentro. Todo un año, casi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde se pudo leer, incluso Don Orione, la crónica del suceso.&lt;br /&gt;El empleado de la heladería, de unos sesenta años, declaró al diario: “Comida y agua no se le niegan a nadie. Cuando el pibe me dijo que no me iba a pagar el helado y vi que me apuntaba con el dedo desde adentro del bolsillo de la campera, no dije nada. Era evidente que tenía hambre. Pero me calenté cuando me dijo que le diera guita…se había engolosinado. Así que le dije que la agarrara él mismo de la caja. Dio la vuelta al mostrador y ahí lo re-cagué a trompadas. Puedo ser bueno, pero no boludo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una pared, de una de las tantas manzanas de gente apiñada, se conmemora el hecho y se re-bautiza a su perpetrador:&lt;br /&gt;MARCELO GIL&lt;br /&gt;SOS ELADERO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de analizar lo que veía, de lo que hablaba, lo que me pasaba y lo que sucedía estando en casa de mamá me acordé porque evitaba tanto el lugar.&lt;br /&gt;Los delirios de adolescencia de mi vieja, el abatimiento de mi viejo, la rutina de Nerina y mi hermano en su cueva…secándose.&lt;br /&gt;La lamida de cara que me había hecho la muerte ese día me hizo delirar y me colguè con una poesía que iría a un cajón junto con el hecho mismo, se llamaba “de cómo fui muerto”.&lt;br /&gt;Mi pesar era la disconformidad. Mi dolor, unos zapatos de madera que nunca se amoldarían a mi pié. Sonreía sólo si me invadía la resignación.&lt;br /&gt;Amanece y hay resignación…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi abuela no tiene dientes, pero muerde con las encías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ocho de diciembre empezó tarde y no con el sol justamente rompiendo la noche. Fue el timbre riiing del teléfono rompiendo los huevos. Mi viejo atendió y era su hermano. Le contesto que sí y que lo esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo había estado toda la noche con Eli.&lt;br /&gt;Hacía unos días que estábamos solos. Dividíamos nuestro tiempo entre las artesanías y el amor. Ese viernes de feria apenas habíamos llevado mercadería de tan mal que habíamos dividido el tiempo. Por suerte vendimos todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si estábamos solos era gracias a que los padres de Eli eran un par de hippones viejos que llevaban más de veinte años yendo a trabajar a la costa a vender las artesanías que producía la empresa familiar. Este año habían salido un poco antes porque necesitaban arreglar unos papeles en la municipalidad de por allá para conseguir el tan ansiado local en la peatonal. Esta vez iban confiados que lo podrían habilitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tío llegó con bastante mala cara. Pidió que prendiéramos la tele. Crónica TV. Mientras, contaba lo que veríamos. Lucía realmente preocupado.&lt;br /&gt;Cuando terminó de contar la primer parte del episodio, que estaba teniendo alta repercusión local, apareció la clásica placa roja y música circense. El cartel tenía un titular patético. Y después, las imágenes del Juani sentado. Llorando. Un montón de bomberos alrededor. Debería haberme reído, pero no me causó gracia. Me dio vergüenza ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cronista habló de las promesas a la virgen, los agradecimientos y dejó un espacio para las ofrendas. Allí habló del caso tan especial de “este joven, devoto de la virgen, a quien habíamos estado siguiendo durante los últimos diez quilómetros pudo llegar hasta acá gracias a su entrenamiento y el apoyo de la gente que le gritaba palabras de aliento para que no se rindiera. Los quilómetros finales fueron más que duros y la marcha se hizo difícil, pero los vecinos que venían siguiendo todo el desarrollo de este conmovedor peregrino-corredor por Crónica TV, salían de sus casas a darle un fuerte aplauso a este valiente. El cansancio y la emoción: dos combinaciones peligrosas. Cuando nuestro héroe llegó en medio de una multitud que lo ovacionaba, quiso descansar antes de entrar a la catedral y ahí sucedió este inesperado desenlace”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo de la tele se puso a narrar lo que ya estábamos viendo, increíble.&lt;br /&gt;Parece que el pelotudo este paró a descansar porque ya no podía ni subir un peldaño, entonces dijo: “me quiero sentar”. Y se sentó. Después dijo: “Ahhh”, en un exhalante suspiro de tranquilidad y placer, por que no, y se apoyó la cabeza en la estaca que sostiene la baranda de la escalinata, mientras la abrazaba.&lt;br /&gt;Y así quedó.&lt;br /&gt;Duro, digamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus músculos se entumecieron al instante. La falta de educación física lo dejó en posición fetal, más duro que el carozo de una aceituna.&lt;br /&gt;Por lo visto no podía respirar muy bien, porque no se entendía mucho lo que decía, mientras el periodista lo entrevistaba en plena labor de los bomberos, que aserraban el viejo, histórico, SAGRADO poste de la baranda con sierras de mano para cortar acero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más, pero lo más patético fue cuando lograron liberarlo y lo subían a la ambulancia: declaraba que “este triunfo se lo dedico a toda la gente que me apoyó y que...”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo pensaba que cuando volviera lo iban a matar. O sea, llegar…llegó, pero la onda era entrar, rezar, ofrecer la camiseta con su sudor y los patrocinadores, que muy en el fondo, aun contorneaba la sacra figura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas tarde, cuando editaron el material, Crónica pasaba en cámara lenta el momento preciso en que los músculos se tensaban y se enroquesían, se empeñaban, se cementaban rápidamente, por ilustrarlo de alguna manera. “Ahí, justo ahí es cuando…”. Malísimo. Muy malísimo.&lt;br /&gt;Después vino la nota desde el hospital con el chabón acurrucado de costado en la cama, con el cogote alzado hacia la derecha. Muy peor malísimo.&lt;br /&gt;En ninguna de las apariciones que tuvo en cámara habló de su hermano, de la chispa que habia encendido en él este ardor de sacrificio y devoción. Había perdido el foco. Ya se había olvidado de él, era como la imagen de la virgen bajo el velo de su ambición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que mi tío sabía lo mismo que yo, y más todavía: él escuchó todas las tranzas de su hijo y, también, lo escuchó llegar a los tumbos antes del amanecer. Y lo vio no entrenarse. Y lo vio haciéndose el santo y aceptando guita con el chamuyo de “esto se lo acepto porque lo necesito para poder entrenar con mejores zapatillas”, pero, como había facturado como cinco lucas en los últimos quince días antes del ocho, cerró el culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente lo tomó bien. Los que habían puesto plata decían que la próxima vez iría todo mejor, que la virgen vio todo y que iba a interceder por ellos y por el Juani de todas formas, que lo que vale es el esfuerzo, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que me preocupaba era la reacción de mi abuela. Su presión arterial.&lt;br /&gt;Decidí llamarla.&lt;br /&gt;Nadie contestaba.&lt;br /&gt;Corrí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El clima hospitalario de luz artificial y aire aséptico me hicieron verla frágil y perecedera. Descolorida. Venía del brazo de la vecina que la encontró desmayada, fría y pálida frente a la TV.&lt;br /&gt;En los días siguientes iba a verla por las mañanas y las tardes.&lt;br /&gt;Siempre encontraba a alguna de las rosarinas instalada al lado de la cama. Hasta llegaron a convocarse todas, el número completo, para rezar el rosario en la pequeña habitación.&lt;br /&gt;Por mi parte, trataba de ser servicial más que cálido. Hablaba poco y hacía mucho: compras, limpieza, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando alguna de las rosarinas trataba de sacarme el tema del Juani la miraba a la abuela en la cama y decía que ya estaría bien en algunos días.&lt;br /&gt;De todas formas, la vieja arpía ni me miraba y aprovechaba a levantar la voz cada vez que tenía que elevar alguna plegaria por el susodicho. Incluso, por medio de una de las rosarinas, me mandaba a comprar velas y a mantenerlas encendidas en el improvisado altar con fotos de sus mayores orgullos: Javito, el Juani y un papelito con mi nombre, porque le decía a todos que yo nunca habría cooperado dándole una foto mía; todo donde había estado la pecera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando empezó a estar mejor dejé de ir un día y la llamé para preguntarle si estaba bien.&lt;br /&gt;“Por ahora sí”, me dijo y me cortó.&lt;br /&gt;No dejé de ir por malo, pero la cosa con Eli estaba bien caliente y a su vez yo mismo me había quedado caliente el día que la abuela le decía a una de las tantas rosarinas que yo la ayudaba porque andaba con el caballo cansado. Que me estarían por echar a la mierda en cualquier momento y tendría que volver, y un montón de cosas más.&lt;br /&gt;El corte de relación la había afectado. Se sentía tan sola que había llamado a mi “padrino” para contarle la situación tan terrible de abandono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo me llamó acongojado diciéndome que mi abuela estaba muy sola. Que yo debería dejarme de joder y dejar de hacerla sufrir así. “Dale Néstor, ponéte las pilas”, me dijo antes de cortar.&lt;br /&gt;Yo no me llamo Néstor. Nunca me llamé así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coso este, mi padrino, había aparecido alguna que otra vez en mi casa cuando yo era chico. No era pariente de nadie. Era un amigo de mi vieja. O sea, se lo curtía y después no se lo curtió mas, pero había quedado como eso. Padrino. Eso sí, venía todas las navidades y Año Nuevo a pasar las fiestas a casa. Lo disfrutaba mucho.&lt;br /&gt;El clima de operaciones bancarias y el manejo de tanta guita lo alienaban, según declaró más de una vez. Por eso necesitaba estar con esta familia rusticona y cavernícola.&lt;br /&gt;Todas las fiestas caía con menos pelo y un gato nuevo - alguna atorranta de veinti tantos que dejaba a su familia para ir a la loma del culo con un tipo de cincuenta y tantos que ellas llamaban “Gili” haciendo alusión a “Gerardo”, pero yo sabía que el tipo se llamaba Gildo (recordad que firmó un acta delante mío en la iglesia…es que me bautizaron a los diez años. Ahh…mi vieja y sus machos…).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovecho para contar algo que sucedería unos días después de navidad entre mi padrino y el único gatito que había traído por segundo 24 consecutivo. Toda una apuesta de amor.&lt;br /&gt;Milagro de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdadera historia de la querida y su papi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las seis de un nuevo día y el calor pintaba las frentes de todos con salada humedad. Los aire-acondicionados empezaban a gotear, cual ley de Murphy, sobre el maquillaje de las mujeres que más requerían de una buena presencia para conseguir algún trabajo.&lt;br /&gt;Ella estaba en un estado de abstracción mental sublime: veía hacia el techo tras un manto de vigilia forzada, un derrame en cada ojo.&lt;br /&gt;Nunca antes se había percatado cuan fuerte roncaba él. Nunca antes había temido tanto que despertara.&lt;br /&gt;Se levantó de la cama de un salto limpísimo, imperceptible. Había escuchado la puerta del ascensor. Podría ser él.&lt;br /&gt;Tal estado de nerviosismo y tensión era inesperado en su vida.&lt;br /&gt;Su estúpidamente amante de veinte años se había enamorado de ella repentinamente, así como hacen los enamorados. O había sido que ella le comentó sobre el juicio que debía cobrar – que por cierto “ya salía”, como le contaría ella a su otro él -? No lo sabía, pero el pendejo la había llamado la noche anterior para decirle que ya nunca más podría vivir sin ella y que al otro día iría a su castillo para rescatarla del dragón que la separaba de él. Es más: si el destino funesto le impidiera llegar hasta ella, una carta sería la portadora de la espada, que con la verdad, mataría a la bestia.&lt;br /&gt;Pendejo boludo. Soy una boluda. Es culpa mía por meterme en éstos quilombos.&lt;br /&gt;Debía mantenerse alerta entre las siete y las ocho para atender en la puerta al joven idiota. Desde las ocho en adelante su mente debía presentir la llegada del cartero también. ´&lt;br /&gt;Lo peor del caso incluía a un casi marido casi sexagenario que disfrutaba de levantarse con los primeros rayos a tomar mate, escuchar a.m., y todos los etcéteras que hacen los pre-viejos.&lt;br /&gt;Hasta ahora la cosa estaba tranquila. La noche anterior la cama había sido un infierno de sexo, que el consideró “un tanto gimnástico para una persona de su edad”. Lo tuvo media hora mas de los habituales quince minutos de furia y después le habló de sus compañeras de la facultad, de lo gorda que estaba Romina…y eso fue todo.&lt;br /&gt;El aserradero comenzó a funcionar como si trabajara al doble de su capacidad…es cierto, nunca se había percatado de los ruidos horribles que él hacía al dormir. Me lo merezco por tarada.&lt;br /&gt;Las siete habían pasado sin novedades, apenas unos sobresaltos por alguna puerta que se cerraba en la inmensidad del edificio. Seguía sentada en ropa interior en el living. A las ocho y media ella sólo esperaba la carta. El pelotudito ya estaría trabajando, paseando ese ramo de perros por toda la ciudad, así que solo restaba la carta. Quien carajo me mandó a meterme con un paseador de perros. Soy una retardada.&lt;br /&gt;La pregunta que salió gritada desde la habitación acerca de donde estaba fue contestada un segundo y una corrida después, desde adentro del baño.&lt;br /&gt;Ya usando una bata de baño, que improvisadamente se puso, gritó que estaba calentando la cera para poder depilarse.&lt;br /&gt;“pero me estoy meando…querida”, escuchó atrás de la puerta.&lt;br /&gt;“no empecés, papi. Dejàme tranquila. Andá a acostarte que es temprano. Después te metés en el baño diez horas y no me dejas hacer nada. Andá a la cama que te llevo el desayuno.”&lt;br /&gt;Inmediatamente enchufó la fuente del calentador de la cera. Ahora tendría que depilarse…por calentona me pasa esto. Me merezco una patada en la…&lt;br /&gt;“ Que es ese ruido? No te fuiste a la cama? Que hacés?”&lt;br /&gt;“Nada. Ya puse el agua, querida”&lt;br /&gt;“Gracias, papi. Ahora voy. Vos andá a la cama.”&lt;br /&gt;“Yo ya me quedo levantado. Apurate para hacer eso y vení a desayunar conmigo.”&lt;br /&gt;Solo le quedaba depilarse.&lt;br /&gt;La cera estaba en su punto justo y se la untó con temblores por la pierna izquierda. Inmediatamente después de sacarla de tirón, no se dirigió a la otra pierna, sino que vio un poco de vello tibio, casi de niña entre su ombligo y su tercer ojo, y lo arrancó sin pensarlo.&lt;br /&gt;Su antebrazo…siempre se poblaba de huéspedes ilegales. El régimen imponía que debían ser desterrados.&lt;br /&gt;Sus movimientos y criterios de selección sobre los lugares a depilar eran descabellados, hasta tirados de los pelos, podríamos decir.&lt;br /&gt;Cuando se dio cuenta cuan crecidos estaban los pelos de sus axilas, todo se oscureció. No fue un corte de luz.&lt;br /&gt;No fue una baja de presión llevándola hacia lo profundo del desmayo.&lt;br /&gt;Fue el timbre.&lt;br /&gt;Tin-tum. Tin, primero y Tum, después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora si estaba bien fregada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Dejá que va papi, nena…vos seguí con lo tuyo.”&lt;br /&gt;“Sí…”&lt;br /&gt;La mano amedrentada ponía económicas dosis de cera formando una ceja verde sobre la delicada ceja de morena. Escuchaba que hablaban.&lt;br /&gt;Hubo un golpeteo y alguien diciéndole a alguien algo y una voz un tanto sofocada diciendo algo y unos empujones y un portazo y un andate o te fajo y bastas y otras cosas. Todo forzadamente silencioso. Todo violentamente callado. Todo adornado de fugaces “boludos” e “hijos de puta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caraduramente, la muy yegua preguntó si estaba todo bien, papi.&lt;br /&gt;Antes de hablar, él encendió la radio a un volumen elevado. Siempre que peleaban él hacía eso. “Estas paredes son tan gruesas como una feta de salame”, solía decir.&lt;br /&gt;“La verdad es que esto es un shock. Es muy temprano para comenzar así.&lt;br /&gt;Como dice mi cuadrito del perro salchicha que tengo en la pieza: “¿qué se puede esperar de un día que comienza levantándose temprano?”, como hoy”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los latidos de ambos corazones les llenaban de timbales los tímpanos.&lt;br /&gt;Todos los nudos de emoción se habían depositado en ambas gargantas, pero sólo dentro del baño la nube de confusión fue tan densa que no dejaba operar racionalmente.&lt;br /&gt;Las capas de cera estaban sobre toda la ceja y subían hasta la línea del pelo. Y seguiría.&lt;br /&gt;“Qué es, papi?”&lt;br /&gt;“No, nadie. Bah, alguien que vino a decirme algo.”&lt;br /&gt;“Y te lo dijo?”&lt;br /&gt;“ Sí. Yo ya me lo esperaba, pero bueno… esas cosas concluyen con cierres de oro… y acá tengo un cierre…en mis manos…y parece que te involucra hasta la jeta. Es una carta.”&lt;br /&gt;La palabra carta fue lo que no quería escuchar, justamente.&lt;br /&gt;Arcadas surgieron desde lo profundo de su figura. Atrapó el vómito con sus nervios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos seguían juntando cera caliente que se seguía acumulando sobre la ceja.&lt;br /&gt;Ella comenzó a escuchar cosas, se convulsionaban en su mente, como “ final de esta vida”, “vos sabés de lo que hablo, por más que te quedes callada”, “no te hagas la boluda, vos sabés quien vino”.&lt;br /&gt;Un “ahora vas a ver lo que es bueno” vino a suspender toda operación motora coordinada, así que su mano cargando una espátula, que cargaba cera muy caliente, dejó caer el contenido total que le inundó el ojo por completo. Aylaconchademimadre, dijo antes de tirar fuerte.&lt;br /&gt;Salió todo: ceja completa, pestañas…y párpado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La visión de esa caverna negra junto el ojo azulado en el espejo la hizo mirar hacia abajo: allí tomaría un poco de aire y volvería a alzar su cara para comprobar que se estaba imaginando todo y que sus dos ojos estaban en su lugar, pero no. Tuvo la visión de un ojo enorme, henchido y pendiendo de un nervio largo y rojo. Un péndulo animal que comenzaba a ser el hilo conductor de enormes borbotones de sangre.&lt;br /&gt;Ahora sí que la visión fue negra sin apagones ni timbres que traían verdades.&lt;br /&gt;Cayó hacia atrás y se desnucó con el inodoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ Qué pasó? No te habrás caído, no? Todavía no te caigas. Ya te vas a caer de culo: era Francisco, tu hermano. Te trajo la carta con el dictamen de la sentencia para que cobres el juicio el próximo jueves.&lt;br /&gt;El forro me quería cagar la sorpresa. Querida! Nena…escuchaste?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la muerte de la mina de Gili hubo un gran quilombo porque el amante de ella le hizo una denuncia acusándolo de homicida (parece que el pibito estaba enamorado de enserio).&lt;br /&gt;Yo asistí con mi abuela, que acompañaba a mi vieja a todos las instancias del juicio oral y público.&lt;br /&gt;La sentencia no cantó “culpable”, pero mi padrino salió muy herido: mala prensa, seudo-viudo, públicamente cornudo y legalmente desheredado (no tenían ni dos años cumplidos de convivencia).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El llamado aflojó mi severidad en el trato con mi abuela y fui a verla. Saberla sola era saberla indefensa y esa vulnerabilidad siempre le despertaba sentimientos de autodestrucción.&lt;br /&gt;Desde el primer instante me trató más que bien. Insistió en levantarse para que tomemos mate en el balcón. Su caminata era lenta y se mecía de un lado a otro para que las bolitas de calcio de la planta de sus pies no la maltratasen.&lt;br /&gt;Hablamos muy tranquilos, sin tocar temas muy densos, y no sintió ninguna restricción al momento de pedirme que volviera a la casa, que necesitaba a su viejo compañero de mates y peleas.&lt;br /&gt;En un momento sentí que su mensaje había sido expuesto claramente y que era mi turno de ser claro: “voy a quedarme unos días hasta que estés mejor, pero ahora estoy por empezar un trabajo y no voy a poder quedarme acá. Me voy a mudar a capital”.&lt;br /&gt;Mentira.&lt;br /&gt;Lo que era verdad es que los padres de Eli la habían llamado y le dijeron que ella tendría que hacerse cargo del puesto en el paseo de la feria artesanal, ya que la persona que se ocuparía el resto de la temporada había sido despedida. Le dijeron que nuestra mercadería podía ser expuesta y que yo mismo podría ir, si así lo quisiera. Y yo quería.&lt;br /&gt;Serían tres meses con ella, solos, con trabajo y con todas las puertas que se abren cuando uno se encuentra rodeado de gente que reconoce tu laburo, le gusta, lo compra.&lt;br /&gt;Mi fe estaba puesta allá. Mi corazón también, pero mi sangre estaba ahí, con esa vieja malcriada que siempre decía cosas que lastimaban, pero que después te servía ravioles con pollo…y en ningún lugar podría encontrar ese sabor a casa, a mi cama, a esas cortinas viejas y a la mancha de humedad que se parece a la cara de Cacho Castaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una más, manchada como el tigre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos cuatro días habían sido de cierta tensión en casa de mamá.&lt;br /&gt;Un primo, por parte de mi vieja, había estado viniendo seguido. Mi viejo estaba preparándolo para que diera bien la prueba para obtener el registro de conducir; había muchas posibilidades de que entrara a trabajar en la misma empresa de colectivos que él.&lt;br /&gt;Mi primo siempre había empilchado bien y había frecuentado lugares chetos de Palermo o Recoleta y tenía un círculo de amigos un tanto diferentes a todos los que integrábamos la familia. La novia no era la excepción.&lt;br /&gt;La chica era un poco más grande que él, que tenía veintidós. Tal vez unos diez años mayor.&lt;br /&gt;Era una rubiona corpulenta y extrovertida, pero medio tilinga. No sabía ocultar las ganas de hacer gestos cuando algo le desagradaba visceralmente, como la higiene de esta casa, que le arrancaba arcadas.&lt;br /&gt;Su mayor desatino no fue cuando dijo que no podía creer que un olor tan nauseabundo pudiera salir del ombligo de un chico. Tampoco fue cuando empezó a explicar que ella estaba en segundo año de farmacología y empezó contar anécdotas de cómo una compañera confundió el xxxxxxcepan con el xxxxxxzepan. Ja.&lt;br /&gt;Su mayor desatino fue haber entablado un monólogo con mi vieja y darle algunos consejos y decirle lo que le convenía, todo entre risitas y aires de superioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Marta la había estado observando a cada instante. Bebía el aire que la pequeña perra respiraba. Su corazón pendenciero se estaba agitando como la cola de una cascabel. Estaba esperando.&lt;br /&gt;El primer signo de próxima violencia lo detecté cuando vi que mamá se estaba quedando en casa durante el día y se iba, oh, casualidad!, cuando mi primo y la futura bolsa de huesos se iban. Ella sólo andaba por ahí, como el fantasma de un tigre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cuarta visita la chica ésta prometió un preparado que ella misma haría para mi hermano y su terrible infección umbilical. Esa peste en el aire la obsesionaba, a veces lo nombraba una insalubre cantidad de veces.&lt;br /&gt;En aquella promesa, mi vieja, vio la oportunidad que estaba esperando. No lo supuse, fue ella quien lo dijo en voz alta apenas se retiró la pareja y recordó el incidente aquel en el que el dermatólogo había hecho gritar a su hijo de tanto ardor que le había provocado. Si la escena se repetía, allí atacaría.&lt;br /&gt;El día que fui a la casa de la abuela, el día de mi cumpleaños, volví allí para buscar unos elementos personales y ése era el día en que la novia de mi primo llevaría el tan esperado preparado de su autoría.&lt;br /&gt;Me dijo algo así como “feliclumpelaños” con un beso en el aire y los ojos puestos uno en el reloj y otro en la puerta de entrada. Moría de ansias por que llegaran de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los escuché llegar, mi vieja ya estaba con un humor feroz. Miraba a la farmacéutica duramente a los ojos, comprimiéndola en su mente hasta imaginarla sangrar por todos sus agujeros.&lt;br /&gt;La mina se mandó un discurso de media hora sobre la nobleza de la rama de la medicina que ella curtía y enumeró todos los componentes que había utilizado y descartado para llegar a este producto final. Cuando dijo que las pruebas las había realizado en perros de la calle y que había obtenido brillantes resultados, mi vieja se arremangó. La paliza era inminente.&lt;br /&gt;Mientras la diarrea verbal de la novia de mi primo inundaba los nervios de mi vieja, decidí interceder. Era la primera vez que movía una pieza en ese tablero misterioso de la familia. Fui hasta la habitación de mi hermano y hablé con él. Solo unas palabras fueron suficientes para que el pendejo tomara una postura y decidiera actuar conforme a mi parecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cortejo que acompañaba a la mujer eran: mi primo, mi viejo y mi vieja. Yo me fui para la cocina y esperé. Esperé no escuchar nada. Esperé ver a mi mamá en jaque. Y esperé para verle la cara.&lt;br /&gt;Los minutos fueron dos o tres. Al instante estaban todos de vuelta en el comedor.&lt;br /&gt;Una mujer confundida, sin poder explicarse que había sucedido estaba al alcance de mi visión: era mamá. Su mirada perdida y espalda arqueada de abatimiento me divirtieron. Toda esa violencia programada había sido suspendida por lluvia. La frustración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Chau” se dijeron entre todos y yo me retiré con mis pertenencias a casa de la abuela. Una sonrisa de justicia y crueldad me acompañaba flotando a mi derecha, como mi ángel del la guarda.&lt;br /&gt;Què le dije a mi hermano? que se iba a dejar poner el ungüento sin quejas ni gritos por una semana o le diría a mi vieja lo que hacía mientras miraba las rayas del canal porno codificado. Ah, y que al tercer día lo quería ver saliendo a jugar a la pelota o haciendo algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tercer día estuve allí, para recordarle lo que había prometido. En un momento hicimos una parodia: yo quería comer unas galletitas y él se ofreció a ir a comprarlas. La atónita Marta no dejo de mencionar que el ombligo ya no supuraba y lo que era evidente, ya no hedía. También mencionó que Emi estaba deambulando por la casa mas seguido y que hablaba un poco más. Lo que no mencionó, en ningún momento, fue darle las gracias a la persona que había promovido el milagro. Seguiría buscando razones para tumbarla al piso y arrancarle unos pelos y algún diente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una semana pasó y vinieron, una vez más, la feliz pareja de nuevo-nuevito colectivero y estudiante de segundo año de farmacología.&lt;br /&gt;Cuando llegaron mi hermano no estaba ahí. Había estado toda la tarde en la plaza con un ex compañero de la escuela.&lt;br /&gt;Mi vieja dio el parte médico mirando al suelo casi, minimizando su importancia y cebando mate.&lt;br /&gt;Inmediatamente la insoportable mujer empezó a explicar como habían actuado los catalizadores y enzimas y los granbis verdes y azules en el tejido y no sé que otras cosas, cuando de pronto la puerta se abrió de un golpe y vieron a Emi sangrando.&lt;br /&gt;No era su abdomen. Eran su nariz y boca. Lloraba y balbuceaba algo sin parar, una y otra vez.&lt;br /&gt;La asistencia del grupo fue genial para con el herido. La coordinación, la entrega, la eficacia.&lt;br /&gt;Casi no podía hablar, hasta que escupió una mezcla sanguinolenta de moco y lágrimas, y entonces se aclaró la frase. La subrayó con un índice acusador: “esto antes no me pasaba. Un pibe me pegó. Esto antes no me pasaba. Es culpa de ella y de la crema que me puso. Es culpa de ella que me curó el ombligo. Ahora me quiero morir…buaaa!!!!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida volvió a los músculos de esa bestia aplanadora que es mi vieja. La violenta reacción la puso sobre su incrédulo oponente farmacéutico en un milisegundo, en el piso y bajo un eco de golpes.&lt;br /&gt;La vida era buena. La perra obtuvo suficiente en escasos diez segundos, lo que tardaron en separarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hijo había sido insultado, maltratado, herido en lo profundo de su ser.&lt;br /&gt;Una madre había actuado.&lt;br /&gt;La justicia se había impartido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando mi vieja le contó a mi abuela lo que había pasado, pregunté por Emi. Resulta que el muy hijo de puta había vuelto a su cuarto con toda la oscuridad que lo había resguardado por casi dos años.&lt;br /&gt;“Mientras vos estás acá con la abuela, yo me voy de una escapada hasta tu casa para verlo. Está muy golpeado, ma?”&lt;br /&gt;Me dijo que estaba mejorando, pero mi objetivo era otro. Iba a hablar con él. No podía ser que viviera la vida de ese modo. Tendría que escucharme. Llevaba un arma mas poderosa aún que la que había usado la primera vez. Esta era infalible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora después estaba devuelta en la casa de la abuela y hasta me había sobrado el tiempo para pasar a besar a mi amor.&lt;br /&gt;Al llegar interpreté a mi madre una escena en la cual mi diálogo era el de una persona ofuscada por hacer un viaje al pedo. Le dije que había llegado a la casa y que nadie me había abierto en los primeros veinte minutos, hasta que por fin Emi llegó todo transpirado a buscar algo y se fue como si nada. El chico estaba jugando afuera lo mas bien.&lt;br /&gt;Otra vez la cara de mi vieja que no creía lo que escuchaba. Otra vez le estaba tirando todas las piezas de su juego de comodidad perversa a la mierda. Otra vez me estaba comiendo a su rey con un peón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué le dije esta vez? Le dije que si no volvía a salir como había prometido la primera vez le contaría a mi vieja que su hijo manoseaba y era manoseado por una de las amigas más íntimas que ella tenía. Que yo los había visto una vez que dormía en la habitación, en la cama de Nerina, por casualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocer a Aldana estaba siendo útil por segunda vez en mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 6&lt;br /&gt;La escena del suicidio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 23 de diciembre desayuné facturas tibias entre las piernas de Eli, me dijo que los padres la solicitaban con mucha urgencia y que el debía estar en la costa al otro día.&lt;br /&gt;“Vamos?”, me dijo con una sonrisa con guirnaldas de excitación.&lt;br /&gt;“Si, mi amor”, le dije con una risita tonta de nene.&lt;br /&gt;Tenía que ir a casa a buscar las cosas. Armaría un bolso con la poca ropa que me acompañaba desde hacía años y todos los materiales para continuar la empresa.&lt;br /&gt;Pensaba en las posibilidades económicas y en los momentos de amor que vendrían. Pensaba en el mar y la música, el viento y la gente. Tantas cosas llovían en mis anhelos…mi castillo sobre las nubes tenía jardines y laberintos, tenía sillones Luís XV y cajitas de música Rococó.&lt;br /&gt;Entre a casa directo a mi habitación y en el medio me crucé con un beso de mi abuela que me despabiló con un baldazo de realidad.&lt;br /&gt;Me paré frente a ella y le dije que el trabajo era mío, que tendría que irme.&lt;br /&gt;“Igual podes venir a dormir acá, como la Neri, que viene todos los días.”&lt;br /&gt;“Abu…, Nonina…el trabajo no es en capital. Es en la costa. No voy a poder venir hasta que termine.”&lt;br /&gt;Dije que serían tres meses, pero yo sabía que serían más. El local de artesanías situado en la peatonal debía mantenerse abierto de jueves a domingo durante el resto del año, aún en temporada baja, una de las condiciones para que pudieran obtener la habilitación.&lt;br /&gt;El despido que se había producido había librado una vacante y esperaba ser llenada con Eli y, por ende, conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La viejita pudo leer mi angustia al mentirle y pidió sentarse. Me pidió detalles que yo no pude negarle. Se quedó calladita. Respirando fuerte. Su mirada juntaba mugre del piso.&lt;br /&gt;“Te vas con una putita y dejás a tu abuela…eh?&lt;br /&gt;Yo tengo setenta y xxxx años y estoy enferma. Y te vas con la primera puta que se te cruza. Estoy enferma y no sé si mañana voy a estar viva, pero vos te vas. Después de todo, qué hice yo por vos? Nada. Te dí un lugar para vivir y un lugar para comer y cagar. Esa Eli…siempre sospeché de esa negrita de mierda. Seguro que…ah…ya sé…me querés ver como reviento sola y después venir a vivir con ella acá y revolcarse acá en mi cama. Pero yo les voy a tirar de las patas cuando estén durmiendo, no los voy a dejar en paz nunca!! Y esa Eli.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin.&lt;br /&gt;Mi mente falleció en ese instante. Los labios de la vieja que puteaba como un apostador en mala racha me enredaban. Actué con liviandad y sin celeridad: mientras el rosario de injurias flotaba en el aire tomé mis cosas y en diez minutos estaba en la puerta de salida.&lt;br /&gt;“Mirá, pendejo: si vos te vas…(pensó unos instantes)voy al horno, agarro la pizza de anchoas y roquefort que te preparé y me la bajo con un vino tinto que tengo en la pieza. De acá me sacan tiesa!!”&lt;br /&gt;No sabía que hacer, pero quedarme era un error.&lt;br /&gt;No dije nada y salí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del teléfono de la esquina llamé a mamá, pero no la encontré.&lt;br /&gt;Llamé a mi tío, el papá del Juani. Le dije que me iba a trabajar y que la abuela no se sentía bien. Justo en el momento que me estaba forreando con una mentira infantil, ví que pasaba una de las rosarinas que más tiempo había estado pasando con la abuela. Le mentí vilmente con lo del trabajo y me fui para lo de Eli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el mediodía mas claro del año cuando me tomé la decisión de salir de allí, de las manzanas de hormigón del deteriorado barrio Don Orione, para vivirlo todo de vuelta con ella: vivir bien, poder construir algo donde los cimientos seríamos nosotros, los amantes.&lt;br /&gt;A las dos apareció mi Nerina. La abuela había cumplido su promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las caras hablaban de lo peor cuando llegué.&lt;br /&gt;Hable con la rosarina, una viejita asustada, que relató como la suicida, al verla venir, se había apresurado a confinarse al baño, como antesala al paraíso.&lt;br /&gt;Había perpetrado el hecho entre mordiscos de pizza y grandes sorbos de espeso veneno tinto, tinta de muerte.&lt;br /&gt;La mujer escuchó tantas palabras rebotando en el eco del baño que no podía reproducirlas, apenas las recordaba. Sí pudo distinguir nombres, y entre ellos el mío.&lt;br /&gt;Un gran pesar me abatió, una tonelada de culpa por centímetro cuadrado de piel.&lt;br /&gt;Intenté pensar y en un sopor de verano me encontré en un teléfono público llamando a Eli: tendría que viajar sola esa tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos de muchas cosas y su tibieza detrás del teclado y el cableado me confortó. Sentí su abrazo fuerte y su severidad: “pasá las fiestas con tu abuela. Ella te necesita. Y como yo te necesito también, te espero el 2 de enero del año que viene. Te amo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve en el hospital todo el día. La abuela no reaccionaba después del ataque de presión. Mi hermana había entrado a verla y me contó que su rostro había quedado atrapado en una mueca horrible. La cárcel de sondas y monitores completaban la escenografía. El olor destilado me descomponía en lágrimas de tristeza.&lt;br /&gt;Al lastimarse, esta persona tan querida por mí, me estaba lastimando de enserio y, tal vez, cerrándome las puertas a la posibilidad de vivir diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este intento de suicidio había llegado mucho más lejos que los otros diez que había tenido. Habían pasado veinticuatro horas y la vieja apenas se había despertado unos pocos minutos en las últimas diez horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padrino estuvo ahí con su “querida” a las seis de la tarde.&lt;br /&gt;Javito y el Juani, con muletas, llegaron junto a mi tío, que apenas se acercó al pasillo que nos juntaba. Temía alguna acusación, tal vez. La mía, tal vez. Pero la verdad es que yo no había hablado con nadie, temiendo que alguien pudiera sentarme a mi en el banco de los acusados.&lt;br /&gt;Cerca de las siete y media llegó Aldana. No me saludó.&lt;br /&gt;No la había visto desde que Eladero, ella y yo nos encontramos en aquel punto donde mis planetas dejaron de girar a punta de pistola. Parece que recordaba lo ocurrido con enojo y no con vergüenza, por la forma en que me miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando las ocho de la tarde obligaron a todos a cuestionarse que harían con la celebración navideña, una ola de conflicto gris se alzó en el Mar de los asuntos privados: todos tenían que hacer, todos comprendían una vasta red de compromisos ineludibles en los cuales ellos eran la piedra angular. Hijos y nietos y conocidos. Pero alguien tenía que quedarse. Los “deberías quedarte vos, que sos el/la hijo/a, nieto/a” fueron contundentes y calificantes: eran todos una mierda. Yo me iba a quedar con o sin ellos, pero no les dije nada. Para que reventaran.&lt;br /&gt;Un médico se quedó detrás del foco de palabras hirvientes para escuchar lo que decían. El tipo no podía creerlo. Hizo un gesto de negación al aire y pasó junto a los que discutían sin que lo notaran. Entró a la habitación de la abuela.&lt;br /&gt;Estuvo un rato y salió hablando con la enfermera. Seguían discutiendo un poco más acaloradamente. El médico chistó muy fuerte e impuso orden por unos segundos. Siguió andando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta la mandó un dios todopoderoso, omnipresente, y omnisciente, pero por sobre todas las cosas, justiciero y vengativo.&lt;br /&gt;La voz ronca de la abuela llegó hasta el pasillo. Llamaba a mi mamá y a mi tío.&lt;br /&gt;Minutos después salieron mirando para los costados y exhalando un poco de fastidio.&lt;br /&gt;“Dice la abuela que pasemos la Noche Buena con ella. El doctor le dio la idea. Quiere vernos a todos.”&lt;br /&gt;“Juani, Javito, pasen a saludar a la abuela y después llaman para cancelar todo lo que tengan que hacer. Hoy la pasamos todos acá.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente se produjo el desenfunde de celulares. Los buscadores de señal se desperdigaron por toda el ala, algunos en la escalera, otros sacando medio cuerpo por la ventana para hacer la parabólica humana.&lt;br /&gt;Las esposas puteaban, los maridos re-contra-re-puteaban. El novio de mi vieja la re- puteó. Mi hermanito puteaba con el bolsillo lleno de cohetes.&lt;br /&gt;La que mejor tomó el tema de pasar navidad ahí fue la rosarina. A lo largo de la noche contaría que estaba solita en su casa, que hacía más de diez años que su hijo se había instalado en el Chaco y, que, aunque la visitaba durante el año con su familia, nunca lo hacía en las fiestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso de las diez fuimos pasando todos a la habitación. Habían llegado los niños y esposas y novios de todos los que los tenían. Y no todos estaban contentos.&lt;br /&gt;Me mantuve a los pies de la cama, fuera de su vista pero al alcance de su percepción.&lt;br /&gt;Hablaba con su mueca desfigurada a cuestas. Pedía que hiciéramos de cuenta que estábamos en la casa de mi vieja, que pusiéramos música y que brindáramos a su salud.&lt;br /&gt;Inclusive, pidió que todos nos sacáramos fotos con ella.&lt;br /&gt;Me imaginaba a la muy vieja arpía poniendo la foto que nos sacamos juntos en su altar, donde estaba la pecera. Ella con su mueca y yo con mi cara de culo.&lt;br /&gt;Al rato me dí cuenta que no había hecho ninguna alusión a que yo fuera la causa de su internación: “me sentí mal toda la tarde y me descompuse, eso es todo”.&lt;br /&gt;Después de eso pude reconocer que estaba contenta y que trataba de participar, desde su postración y casi ininteligibilidad al hablar, haciendo bromas y preguntando cosas.&lt;br /&gt;Habló con mi padrino y le dijo que esa chica era buena y linda, que no la dejase escapar, que se casara pronto…no por él, por ella…para que no la miren mal.&lt;br /&gt;Alentó al Juani a que se recuperara que ya se acercaba el dos de enero y tendría que volver a entrenar.&lt;br /&gt;Habló con Javito.&lt;br /&gt;Habló con mi viejo y le dijo que siguiera el ejemplo de su hijito, de Emi, y que abandonara su habitación, pero las esperanzas de inserción en el seno familiar le frustrarían por completo el 27 de diciembre, cuando recibiera el pronosticado-de-hace-tiempo telegrama de despido.&lt;br /&gt;Habló con todos, menos conmigo, pero me miraba fugazmente y me sonrió dos veces, quiero creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de las doce todo estaba un poco más relajado y los sanguches de pollo y matambre con platitos de ensalada rusa seguían corriendo junto con torrentes de vino que bajaban de la montaña del entusiasmo.&lt;br /&gt;El predecible desubicado, el Juani, ya estaba ebriamente ruidoso. No ocultaba sus carcajadas y le dio un billete de cien a mi hermanito, para los cohetes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó la hora y todos se saludaron. Besé a la abuela en la frente.&lt;br /&gt;“Feliz navidad, Nonito” me dijo. La abracé y lloré mientras la besaba.&lt;br /&gt;“No te detengas por una vieja chota que quiere que todo gire alrededor de ella. Hacé lo que tengas que hacer.”&lt;br /&gt;Me quedé con ella hasta que se durmió cuando todos se fueron después de brindar.&lt;br /&gt;Durmió un sueño sonoro y profundo. Entonces pensé que esta vez la abuela pensó que se había rozado muy de cerca con la oscuridad, que había entendido que ella podía llegar a ser su más factible causa de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera estaba solo. Se veían apenas unos tipos en la misma situación que yo. El pasillo continuaba hasta volverse una nada negra e infinita. La calma después de las explosiones y bocinas me fueron sumiendo en una embriaguez de amor: estaba pensando en ella…en su contorno, su perspectiva y matiz…la dibujaba con los elementos del medio: con los uniformes blancos y los heridos, con el aire y la soledad…&lt;br /&gt;Divisé una figura, en mi ardor.&lt;br /&gt;Sería su figura?&lt;br /&gt;La figura que caminaba hasta mí tenía trazos míos, pero no tenía arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Andate ya” dije. Anexé frases violentas de repudio a su cara de sorpresa. La hubiera llamado mil veces vampiro y mil veces la hubiera llamado bestia.&lt;br /&gt;Me amenazó con palabras de tumba y me dijo mil mierdas de muerte. Sus palabras de orgullo herido eran filosas.&lt;br /&gt;Se dio la vuelta entera cuando antes de irse me dijo lo sucio que había jugado en su contra tendría sus consecuencias. Y me las explicó. Me contó como sería.&lt;br /&gt;Me habló de cómo Eladero me terminaría al enterarse que yo la estaba involucrando con mi hermanito. A manera de confesión me dijo que su novio estaba abajo esperándola y que no le costaría nada subir a arreglar este asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hija de puta! De habérmela garchado no hubiera dicho nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, mis ojos se cubrieron de vidrio. El miedo me infestó.&lt;br /&gt;Nunca creí volver a encontrarme en la misma situación emocional al ver la figura de Eladero haciendo el mismo camino que Aldana había andado minutos antes. Caminaba con cierta inseguridad en un zig-zag moderado.&lt;br /&gt;La palidez de Aldana me encendió de furia y terror: supo que no podría controlar la fiera, que había diluido la verdad en amenazas y que nunca hubiera querido ser la razón de la muerte de alguien…pero ahora él venía justo hacia nosotros.&lt;br /&gt;Su Romeo violento traía un sospechoso buzo invernal en forma de triángulo. Al vernos lo ajustó entre su antebrazo y su pecho. El otro antebrazo estaba inmóvil, estaba herido, pero llevaba colgando una especie de delantal o guardapolvos blanco. Tenía gasas con focos de rojo sanguinolento en la mano derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui hasta la puerta de la abuela, eché adentro la frazada de viaje con la que me había estado tapando, y cerré.&lt;br /&gt;Los latidos de mi corazón estaban tan rápidos que casi se escuchaban en el silencio hospitalario. Quería tragar saliva y no tenía. La tensión estaba causándome calambres en el estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada segundo volvió a tener la carga de la última exhalación de un moribundo, otra vez el estado de sopor y suspensión de mi alma aterrada, presagiando negrura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos pasos hasta alcanzarme fueron así: primero, ella se interpuso en el camino de su mirada abstracta y el fin inconmensurable del pasillo…entonces, mi aliento escarchado cayó estrellándose en el piso en el momento que Aldana fue apartada con violencia y, entonces frente a frente, sólo fui una liebre encandilada por las luces de su destino en la ruta que nos lleva a todos al mismo lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 7&lt;br /&gt;Estábamos todos juntos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos todos juntos, reunidos. No faltaba ninguno. Ninguno de los que estábamos ahí éramos los mismos que habíamos brindado por un feliz y prospero año nuevo hace doce meses a la misma hora: mi padrino estaría viudo el 11 de enero, el Toby descansaba en los infiernos gástricos de Nerina y su amiga había evitado volver a ver a la flaca con excusas tontísimas; el Juani estaba volviendo a caminar de a poco y se había organizado para reiniciar su carrera postal como Llevador Oficial de Ofrendas y Pedidos de Milagros del Barrio Don Orione; mi abuela tenia los brazos hinchados de la enfermedad y su cara había vuelvo a su estado anterior, además yo ya no vivía con ella: resulta que cuando salió del hospital, la rosarina que la había acompañado se ofreció a cuidarla desinteresadamente. Un tiempo después, mi abuela le ofreció que vivieran juntas y así era que ahora las dos amigas apaleaban la soledad con garrotes de rosarios, mate y charla…y ella no sintió nunca más la necesidad de amenazar a alguien con algún suicidio gastronómico.&lt;br /&gt;Además… terminaba el brindis y me pasaba a buscar mi amiga… mi amante… mi novia. Eli estaba en un viaje fugaz con su padre en busca de unos documentos que habían quedado en el departamento. El auto pasaría a las cinco de la mañana por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por allá andaba Javito y su difunta pasión tropical. Se lo veía un tanto ofuscado, y más ofuscado se lo vio cuando a la hora del brindis las palabras del nuevo-nuevito héroe de la familia, el señor Juani, fueron dedicadas a la Virgen y no a él. Lo sentí un poco, a decir verdad, pero los negocios son una cosa y la familia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la otra punta la veía a mi vieja… ella me tenía sin cuidado. Había sido mujer golpeadora en sus dos matrimonios.&lt;br /&gt;Para cuando habíamos terminado de brindar podía afirmar que todos los que estábamos en esa mesa habíamos sido golpeados por la Marta alguna vez, hasta la boludamente nueva novia de mi primo –que se comió flor de zalipa el día de mi cumpleaños. El pequeño damnificado por la curación había recuperado los intereses de niño que alguna vez había dejado olvidados. Tenía una mochila con cien pesos en artillería pesada y pensaba usarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía no me imagino que le dijo mi primo a la novia para convencerla a que volviera a entrar en aquella casa donde las cosas habían olido a podrido desde el principio. Su nueva postura era escuchar poco, mirar poco y decir casi nada en voz baja. Ah, y fijarse que venga ni un saque ni un rebote de mi bestial madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El único que me tenía mal era mi viejo. Este año las había empezado a pagar: sin laburo, con mi vieja de novia y enamorada, luciendo su flamante tatoo y encima mi primo, a quien él mismo había instruido, ocupando el puesto de trabajo que tantos años le había pertenecido en la empresa de colectivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi viejo…aún en esta situación seguíamos parados en veredas opuestas y cruzadas por un río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, para finalizar quisiera contarles como fue que llegué a sobrevivir el 25 de diciembre a las 4 a.m. aproximadamente, de cómo no fui muerto. Y chau…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aldana fue arrojada unos pasos atrás por la caminata robótica de su amor.&lt;br /&gt;Ya frente a mí, su impasible mirada me atravesó. Cuando su mano húmeda se posó en mi pecho ya no sostenía el triangulo de ropa plegada, era aquella pequeña y mugrienta arma que tres veces había visitado mi cara en aquel primer encuentro.&lt;br /&gt;Me empujó.&lt;br /&gt;Me hizo a un lado.&lt;br /&gt;Me corrió…y siguió caminando, frente a su tribuna de dos completamente atónita.&lt;br /&gt;Subió las escaleras situada a metros de la puerta de la habitación de la abuela.&lt;br /&gt;El silencio nos invadió, solo escuchaba a mi alma rechinando al entrar por las rendijas de mi cuerpo delgado otra vez.&lt;br /&gt;Aldana se sentó en el banco donde yo había estado durmiendo y exhaló tan fuerte una y otra vez que pudo exorcizar su angustia en forma de llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos policías uniformados rompieron el clima de desahogo con el sonido de sus borceguíes rajando el piso al corres. Llevaban armas gruesas y subieron las escaleras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos minutos después traían a Eladero bastante golpeado y tapado, con aquel delantal blanco, por encima de la cabeza. Lo curioso era que tenía las mangas puestas.&lt;br /&gt;Aldana se fue sin decir nada, guardando una distancia enorme entre su detenido y su amargura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día, en Crónica TV – gracias a Dios por Crónica TV-, todos pudimos escuchar el testimonio del policía captor, que contaba lo siguiente:&lt;br /&gt;“pasadas las tres horas del día veinticinco de diciembre, tras los festejos de navidad, recibimos un pedido de auxilio de un médico del Hospital Oñatibia de Rafael Calzada diciendo que uno de los llegados a la guardia con un disparo de arma de fuego en la mano se negaba a prestar la debida declaración en la comisaría, como éstos casos lo requieren. Al sentirse amenazado por la insistencia del médico de guardia, el malhechor, procede a desenfundar un arma que llevaba escondida en un bulto de ropa y amenaza al médico. El mismo busca salir pero ve a uno de los dos efectivos que se encontraba parado en la entrada de la guardia: a mí. Vuelve hacia donde se encontraba y obliga al médico a entregarle su uniforme. En el ínterin el médico en cuestión había realizado un llamado urgente a la comisaría y este fue atendido con celeridad.&lt;br /&gt;De inmediato recibo un alerta en mi radio y procedo junto con mi compañero a iniciar la captura. Inmediatamente seguimos la indicación de personas que se encontraban en las inmediaciones y pudimos apresarlo en el segundo piso del hospital cuando esperaba ser no identificado al vestir el uniforme blanco del médico y caminar apaciblemente por el pasillo. Al recibir la voz de alto atinó a correr pero tropezó y pudimos reducirlo sin problemas en el piso.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las paredes de las atiborradas manzanas guardan la historia en letras como las cavernas del hombre primero la pintan.&lt;br /&gt;Aun hoy sigue viva la alusión a aquel hecho que tan arraigado llevo en las vísceras (ese día que volví a nacer, junto con el niño Jesús, una vez más).&lt;br /&gt;En una pared, en cualquier pared del laberinto de edificios se repite el ritual de cristiano bautismo y dice, con simplicidad y certeza…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELADERO GATO&lt;br /&gt;SOS DOTOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;********************************************************************************************************************************************&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22570147-114274248491507388?l=estabamostodosjuntos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://estabamostodosjuntos.blogspot.com/feeds/114274248491507388/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=22570147&amp;postID=114274248491507388' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22570147/posts/default/114274248491507388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22570147/posts/default/114274248491507388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://estabamostodosjuntos.blogspot.com/2006/03/estabamostodosjuntoslahistoria.html' title='estabamostodosjuntos_lahistoria'/><author><name>mauro innpulso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13698424662585072012</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-22570147.post-114012482098207056</id><published>2006-02-16T13:12:00.000-08:00</published><updated>2006-02-16T13:20:20.993-08:00</updated><title type='text'>arrancar-sacar</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;la cosa era pasar el verano haciendo algo. el silencio ya no vive en esta casa desde que se mudo mi pequeño octavio. babo, pa los amigos. la vigilia vino de exorcismo: me arranque de la cabeza unas historias y personajes que me regalaron todos los que anduvieron por ahi conmigo alguna vez: alain, su abuela, los del taller literario, etc. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;aca estan...todos juntos y en familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;mauro innpulso&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22570147-114012482098207056?l=estabamostodosjuntos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://estabamostodosjuntos.blogspot.com/feeds/114012482098207056/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=22570147&amp;postID=114012482098207056' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22570147/posts/default/114012482098207056'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/22570147/posts/default/114012482098207056'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://estabamostodosjuntos.blogspot.com/2006/02/arrancar-sacar.html' title='arrancar-sacar'/><author><name>mauro innpulso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13698424662585072012</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
